La Xiaomi Smart Band 10 es, probablemente, una de las pulseras de actividad más redondas que ha lanzado la marca en los últimos años. Su pantalla AMOLED más grande y luminosa, el salto en precisión del sensor de frecuencia cardíaca y una autonomía que sigue rondando las tres semanas hacen que, por precio, sea difícil encontrarle un rival a la altura, pese a que muchas marcas lo han intentado.
Pero, aunque queda claro que Xiaomi ha afinado mucho la fórmula, también que hay varios aspectos clave que marcarían un antes y un después de cara a la futura Smart Band 11. Si Xiaomi logra añadir estas novedades a su próxima pulsera, seré el primero en comprármela.
GPS integrado
El primer deseo es evidente y no es nuevo, pues llevamos años pidiéndolo. Hablamos de un GPS integrado que deje atrás el depender del móvil para llevar a cabo el seguimiento de nuestra actividad, lo que limita mucho su uso real para correr, caminar o entrenar al aire libre con total libertad.
Tener GPS propio convertiría a la Smart Band en una alternativa real para quienes quieren registrar sus entrenamientos sin cargar con el smartphone, algo que ahora mismo obliga a dar el salto a la versión Pro o directamente a un reloj deportivo.
NFC para todos
El segundo deseo pasa por una función que lleva años generando ilusionando a los fans de la marca y decepcionando cuando descubren el listado de especificaciones del modelo global. Hablamos del NFC, cuyo hardware lleva tiempo ahí, pero, sin saber por qué, su uso sigue estando prácticamente limitado a China.
En un dispositivo que se lleva siempre puesto, poder pagar en cualquier comercio compatible es un salto enorme en comodidad. No hablamos solo de pagos, sino de transporte público, accesos o mucho más, y la realidad es que la Smart Band tiene el tamaño, el diseño y la autonomía ideales para convertirse en una pequeña ayuda para pagar en nuestro día a día.
Que Xiaomi libere de una vez el NFC a nivel internacional sería maravilloso.
Cambio de diseño
El tercer deseo es más personal, pero creo que muchos lo compartirán: un rediseño más minimalista y plano, inspirado en la estética del Fitbit Charge 2. La Smart Band 10 es cómoda y ligera, pero su diseño sigue siendo muy continuista. Una pantalla algo más plana, marcos más integrados y una estética aún más limpia le darían un toque más elegante y menos “gadget”.
No se trata de hacerla más grande ni más pesada, sino de pulir la forma para que pase todavía más desapercibida en la muñeca y encaje mejor tanto con ropa deportiva como con un uso diario más formal.
Lo que dejaría
Todo esto debería llegar sin sacrificar lo que ya hace bien. La autonomía es uno de los grandes pilares de la Smart Band y mantener cifras cercanas a los 20 días es casi obligatorio, incluso aunque se añadan sensores o funciones nuevas. En la Band 10, la mejora del sensor óptico ha sido notable, con lecturas muy cercanas a dispositivos de referencia durante entrenamientos de running.
La Smart Band 11 no necesita reinventar la pulsera de actividad. Necesita avanzar en la dirección que sus propios clientes piden, añadiendo un GPS integrado, NFC global y un diseño más refinado la convertirían en un wearable mucho más completo sin perder su esencia ni su precio contenido.
