Es una creencia muy común pensar que, al ser dispositivos tan pequeños que muchas veces cargamos a diario, las baterías de los relojes inteligentes se degradan a una velocidad pasmosa. Sin embargo, hay que entender bien la química de las celdas que dan vida a nuestros equipos.
El tiempo que tarda una batería en perder su capacidad para retener, dicho de otro modo, mantener su vida útil, no depende tanto del tamaño como de su funcionamiento. Por eso, la realidad es que la batería de un smartwatch suele envejecer mejor y durar más años en buen estado que la de un smartphone.
¿Por qué envejece más lento la batería de tu reloj?
Para entender este fenómeno no vamos a hablar de las nuevas celdas de silicio-carbono. Hoy en día el 95% de los terminales modernos utilizan celdas de iones de litio. En base a ello, el verdadero secreto de alargar la vida útil reside en el esfuerzo y los castigos térmicos a los que sometemos a cada aparato en nuestro día a día.
El calor
Tal y como hemos dicho en muchas ocasiones, el calor es, sin lugar a dudas, el enemigo número uno del litio. Los smartphones actuales compiten por ver cuál carga más rápido, inyectando potencias que superan habitualmente los 45W, 67W o incluso los 120W. Este proceso genera picos de temperatura internos brutales que aceleran el estrés químico de la batería.
Si a esto le sumamos el calor que disipa el procesador del móvil al jugar o usar el GPS, tenemos un entorno hostil que degrada el componente a un ritmo constante.
Un smartwatch juega en una liga completamente diferente. Al cargarse con potencias minúsculas de entre 5W y 10W, el proceso es menos dañino. Al no sufrir este estrés térmico ni sufrir de altas temperaturas en la muñeca, la estructura interna de la celda padece muchísimo menos durante toda su vida útil.
La carga
Otro factor crucial son los ciclos de carga. Una batería de litio típica ofrece unos 500 ciclos antes de caer al ochenta por ciento de su salud. En un móvil que pasa por el enchufe cada noche, esa frontera se alcanza antes de los dos años.
Esto cambia en el mundo wearable, aunque con matices.
- Modelos con Wear OS o el Apple Watch: Estos relojes requieren carga diaria y, aunque alcanzan los ciclos al mismo tiempo que el teléfono, la ausencia de calor extremo hace que su resistencia física al desgaste sea muy superior.
- Modelos sin Wear OS: Por otro lado, tenemos los relojes deportivos o económicos, cuyas autonomías se extienden de una a dos semanas. Estos dispositivos apenas completan treinta o cuarenta ciclos de carga al año, lo que hace que, a la larga, sus celdas se degraden mucho menos.
La paradoja de los mAh
Eso sí, aunque se degrade menos, hay que tener en cuenta que esa pérdida de salud es mayor que la de un móvil. Es simple matemática.
Pongamos que la capacidad de la batería de un móvil estándar ronda los cinco mil miliamperios, mientras que la de un smartwatch apenas llega a los cuatrocientos.
Cuando el teléfono pierde un veinte por ciento de salud, le siguen quedando cuatro mil miliamperios; notarás que la jornada termina más justa, pero sigue siendo perfectamente utilizable.
Si el reloj pierde ese mismo porcentaje, la pérdida es insignificante en números, pero se notará más en el uso real.
