Esta es la pregunta que muchos usuarios en nuestro país deberían hacerse antes de consultar si mañana lloverá en Madrid o si habrá sol en Sevilla. Y es que, aunque estas herramientas parecen inofensivas y nos sirven de gran ayuda para planificar nuestro día a día, la realidad es que esconden mucho más de que lo que ves a simple vista.
Al fin y al cabo, las aplicaciones meteorológicas son descargadas por millones de usuarios, por lo que son el «caballo de Troya» perfecto para hacer el trabajo en la sombra dentro de tu smartphone. Y en muchas ocasiones ya se ha demostrado que este trabajo consiste en la recolección de datos porque, a diferencia de una calculadora o una linterna, tienen una justificación lógica para pedir acceso al GPS: ofrecerte el pronóstico de tu calle.
Los peligros del acceso a tu ubicación
La mayoría de las aplicaciones de tiempo gratuitas no se financian únicamente con la publicidad que ves en pantalla y, por si no lo sabías, su verdadero valor reside en la creación de historiales de movimiento precisos. Estos datos son vendidos a empresas denominadas «data brokers» o corredores de datos, que los utilizan para fines que poco tienen que ver con la meteorología.
Una investigación muy famosa de The New York Times ya demostró que más de 1.200 aplicaciones de Android y 200 de iOS enviaban la ubicación precisa de los usuarios a terceros. En este ecosistema, las apps de clima ya eran las más cotizadas, con decenas de fondos de inversión comprando dichos datos para analizar el flujo de personas en centros comerciales y predecir el éxito de ventas de una marca antes de que publiquen sus resultados oficiales.
Uno de los casos más sonados fue el de The Weather Channel, propiedad en su momento de IBM, que se enfrentó a una demanda de la ciudad de Los Ángeles. Según la acusación la aplicación engañaba a los usuarios sugiriendo que la ubicación solo se usaba para previsiones locales, cuando en realidad se monetizaba para análisis de marketing y publicidad dirigida.
El caso AEMET y los falsos SMS
La mala noticia s que, aunque estos casos parezcan lejanos, la realidad es que en nuestro país tampoco nos libramos de problemas con las apps del tiempo. Y la cosa es aún más peligrosa.
Tras los episodios de lluvias extremas y DANAs vividos en los últimos años, ha proliferado una nueva amenaza: las aplicaciones fraudulentas. Ciberdelincuentes han aprovechado la necesidad de información crítica para lanzar campañas de «smishing» con enlaces a aplicaciones que suplantan a la AEMET.
Estas aplicaciones no solo roban tu ubicación, sino que pueden introducir troyanos en el teléfono y por eso es fundamental entender que la Agencia Estatal de Meteorología oficial nunca te pedirá descargar su app mediante un SMS. Y, relacionado con el punto anterior, jamás compartirá tus datos de posicionamiento con redes publicitarias externas.
En este caso, y hasta que se demuestre lo contrario, su modelo de datos es público y orientado al servicio, no al beneficio comercial, lo que la convierte en la opción más segura para quienes quieren saber el tiempo que hará mañana.
