La carga inalámbrica es una de esas características estrella que te intentan vender al comprar un coche nuevo. Depositar el teléfono en un hueco y que comience a recuperar batería sin necesidad de usar el cable resulta atractivo por su comodidad. Sin embargo, no todo es tan bonito como te piensas.
Más allá de lo útil que puede llegar a parecer, el uso habitual de la carga inalámbrica en el coche somete al móvil a un sobrecalentamiento innecesario. Esto se debe a 3 factores principales que son determinantes durante el proceso de carga en el vehículo y que convierten ese hueco en uno de los peores lugares donde dejar tu smartphone.
El sobrecalentamiento: tu mayor enemigo
El motivo principal para evitar cargar el móvil de forma inalámbrica en el coche es la temperatura. Este tipo de carga es menos eficiente que la carga por, así que parte de la energía se disipa en forma de calor residual. Esto puede resultar peligroso para la vida útil del dispositivo a largo plazo, ya que en el interior del coche se puede generar un calor abrumador.
A esto hay que añadir el uso de funciones exigentes del dispositivo, como el GPS o Android Auto, lo que también eleva la temperatura a causa del funcionamiento del procesador. Sumado a la poca ventilación de un vehículo, la propia temperatura ambiente y el calor que genera la inducción bajo el teléfono, el resultado es un sobrecalentamiento peligroso. En algunos casos, es incluso posible que la carga se detenga para evitar daños internos y reducir el sobrecalentamiento.
Carga tan lenta que no compensa
Otro de los grandes motivos por los que no suelo cargar el móvil en el coche es porque la velocidad de carga es muy frustrante. No solo es que la carga inalámbrica sea más lenta de por sí, sino que el propio móvil suele limitar la entrada de energía para reducir el sobrecalentamiento.
A menudo, la carga inalámbrica en un coche es tan baja que apenas sube el porcentaje de batería de un teléfono que está usando Android Auto. Esto acaba traduciéndose en un smartphone que, tras una hora de viaje, apenas ha subido un 10% de batería, mientras que has estado sometiendo al dispositivo a un sobrecalentamiento excesivo innecesariamente
Desplazamiento en las curvas
El último gran inconveniente radica en el movimiento del coche. Para que la carga inalámbrica funcione, el móvil debe estar correctamente colocado, pero en coche en movimiento es casi imposible.
Cada curva, bache o frenazo puede provocar que el smartphone se mueva ligeramente, perdiendo la carga sin que te des cuenta o provocando que una mala conexión active y desactive la carga intermitentemente, lo que genera un mayor consumo debido a que la pantalla se enciende y se apaga todo el rato.
La solución más factible si quieres cargar el móvil en el coche es utilizar un cable USB y conectarlo al puerto USB de tu coche o al adaptador del mechero. Esto apenas genera calor adicional y garantiza una carga rápida más veloz. Además, puedes colocarlo sobre la propia ranura de la carga inalámbrica de forma que no se inicie para mantenerlo protegido en todo momento.
