Hace una década, en Zetta, intentaron vendernos la idea de que en España también se fabricaban móviles “premium” con sello propio. La realidad era bastante menos épica: No era el Apple español, sino una empresa que intentó hacerse un hueco en el mercado, camuflando terminales chinos.
Entrando en detalle, aquellos terminales no eran más que modelos de Xiaomi renombrados, con otro logo y una capa de marketing patriótico encima que apuntaba directamente a BQ, el gran fabricante nacional de aquel entonces.
En poco tiempo, el caso terminó convirtiéndose en uno de los mayores bochornos tecnológicos de nuestro país. Y ahora, salvando las distancias, la historia parece repetirse al otro lado del Atlántico.
El Trump Mobile T1 no es muy estadounidense
Sí, Donald Trump ya tiene su propio smartphone. Se llama Trump Mobile T1, presume de valores “americanos” y de una supuesta producción nacional, pero tras desmontarlo, la conclusión es mucho menos glamurosa: es básicamente un HTC U24 Pro disfrazado.
Sobre el papel, hablamos de un teléfono con 12 GB de RAM, 512 GB de almacenamiento y un precio relativamente competitivo para ese hardware. Pero el problema está en cómo se vende, no en lo que es.
El análisis interno del dispositivo que ha llevado a cabo iFixIt revela que comparte prácticamente toda su arquitectura con el modelo de HTC. Y ojo, que ni siquiera es un modelo nuevo, sino un terminal lanzado en 2024. Mismo chasis, misma placa base, misma distribución de componentes, mismo procesador Qualcomm Snapdragon 7 Gen 3 e incluso la misma pantalla AMOLED con matriz PenTile fabricada bajo patente de Samsung.
Las diferencias son mínimas y, en su mayoría, puramente estéticas. Es como una edición especial, muy patriótica, de aquel teléfono.
Para que te hagas una idea, los únicos cambios que ha encontrado iFixIt es que la posición del flash cambia ligeramente, la trasera tiene otro diseño y el acabado dorado busca darle ese aire de producto exclusivo que encaja con la marca Trump.
Pero, más allá de esto, es exactamente la misma jugada que vimos con Zetta: coger un móvil ya existente, cambiarle el traje y venderlo como algo nuevo.
Lo más curioso es que este cacareado Trump Mobile T1 ha construido buena parte de su fama alrededor de la fabricación estadounidense. Y, bueno, sí, es cierto que algunos componentes podrían ensamblarse en Florida, pero, la realidad es que la mayoría del hardware apunta directamente a China. De hecho, todo indica que la producción sigue dependiendo de líneas ya existentes en Guangdong, el gran epicentro mundial de fabricación móvil.
Y ojo, que no hay nada de malo. Es más, es algo que hacen muchos fabricantes. El problema aparece cuando el marketing intenta venderlo como un desarrollo completamente original o como un símbolo industrial nacional.
Por eso el tema del Trump Mobile nos recuerda tanto a lo que pasó en España con Zetta. En ambos casos, el producto existe gracias a un fabricante externo y se maquilla para construir una historia comercial mucho más atractiva. En España fue la “marca extremeña que plantaba cara a Apple”; en Estados Unidos, el “móvil patriótico” de Trump.
