No falla, es llegar el verano y encontrarnos en redes, foros, e incluso en nuestro círculo de amistades, la misma queja: ‘voy a cambiar de móvil porque a este la batería no le dura nada’. Espera, espera, ¿hace unos meses pasaba lo mismo?
Si en invierno también pasaba, probablemente tengas que cambiar de móvil (o su batería, simplemente), pero si solo se desgasta más de lo normal en verano, deberías saber que es algo totalmente normal.
El verano y el móvil no se llevan bien
Cuando llegan los meses de julio y agosto, verás que el teléfono se calienta más de la cuenta y cargarlo parece casi una obligación constante. Mucha gente piensa que su smartphone está envejeciendo peor de lo esperado, que su batería se ha roto o que algo falla en el sistema, pero en realidad hay una explicación bastante simple.
El calor afecta directamente al comportamiento de las baterías, especialmente las de iones de litio, que son las que utilizan prácticamente todos los móviles actuales. Aunque están diseñadas para funcionar con normalidad en muchas condiciones, tienen un rango de temperatura ideal bastante concreto, normalmente entre los 16 y los 22 grados.
¿Y qué pasa cuando, como sucede en verano, se superan esos valores durante mucho tiempo? Muy sencillo, que empiezan a perder eficiencia. Dicho de otra manera, que la celda se va a descargar mucho antes.
Lo primero que suele notar el usuario es una caída más rápida del porcentaje. Esto ocurre porque las altas temperaturas aceleran las reacciones químicas internas de la batería. A corto plazo eso provoca un consumo más irregular y una sensación de descarga más rápida.
Pero peor es lo que no se ve, lo que sucede con el paso del tiempo. Una batería expuesta constantemente a temperaturas altas no solo dura menos durante esos días de verano, sino que también envejece antes. La buena noticia es que es algo que los fabricantes llevan años intentando paliar con sistemas de refrigeración, cámaras de vapor o software de gestión energética. La mala, es que aún estamos lejos de encontrar una solución 100% factible.
Hay otro factor que empeora aún más la situación y que muchas veces pasa desapercibido: el propio uso que hacemos del móvil en verano. Más brillo en pantalla porque hay más luz exterior, más uso de cámara en vacaciones, más GPS para viajes, más redes móviles al movernos entre zonas con cobertura irregular y más sesiones largas de streaming o redes sociales. Todo suma.
No solo afecta el calor
Además, la cobertura juega un papel importante. Cuando estamos en la playa, en la montaña o viajando, el móvil suele esforzarse más para mantener conexión con antenas lejanas o saturadas.
Además, no estamos conectados al WiFi de casa y, si no sueles desconectar este control de conectividad, el móvil va a estar buscando redes WiFi todo el rato, aumentando el consumo energético y también generando más calor interno. Y, como acabamos de decir, más calor provoca más consumo y más consumo genera todavía más calor. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola, con un gran perjuicio para la autonomía del móvil.
Lo peor que puedes hacer con tu móvil es dejarlo al sol, hacerle buscar redes todo el rato, o usarlo intensamente mientras carga en plena ola de calor. Son escenarios que castigan mucho la salud de la batería.
Muchas veces el problema no está en tu móvil, sino en los 40 grados que tienes alrededor.
