El uso de móviles en conciertos es una de esas discusiones modernas que dividen a fans, artistas y organizadores. Recientemente, el mismísimo Enrique Bunbury avivó este debate con un tuit donde expresa su frustración por la cantidad de gente que asiste a sus conciertos y pasa la mayor parte del tiempo grabando con el móvil, en lugar de disfrutar del momento. En sus palabras: «¿Todo el pu** concierto con la cámara grabando?»
Un clip que se ha generó una avalancha de opiniones encontradas, tal y como podemos ver en las respuestas del siguiente tuit colgado en X donde se grabó al cantante (irónicamente) en una de sus últimas paradas de Huracán Ambulante Tour 2025 en Quito, Ecuador.
Por un lado, muchos seguidores respaldaron a Bunbury, afirmando que vivir un concierto a través de una pantalla es perder la magia del directo. “No puedo conectar con el público si tengo 500 móviles apuntándome”, decía una fan en respuesta al tuit. Para estos asistentes, la música en vivo es una experiencia que se debe vivir con los sentidos, no a través de una lente. También hay quien confunde el grabar un concierto para su disfrute personal con una vulneración de derechos de autor.
Por otro lado, están quienes consideran que, al haber pagado una entrada (que muchas veces no es barata), cada persona tiene el derecho de vivir la experiencia como prefiera. “Si quiero grabar tres canciones para tenerlas de recuerdo, ¿por qué no puedo hacerlo?”, argumenta un usuario en la misma publicación. Otros añaden que a veces se trata de registrar momentos especiales, grabándolos en vídeo, con amigos o familiares, o incluso de compartirlos con aquellos que no pudieron asistir.
La verdad es que ahora mismo en los conciertos, las luces de los móviles han reemplazado en parte a los mecheros de antaño, y muchos artistas incluso alientan a su público a grabar y compartir. Sin embargo, también hay ejemplos contrarios: artistas como Jack White, Alicia Keys o Bob Dylan han prohibido el uso de móviles durante sus actuaciones, utilizando bolsas especiales para guardarlos.
El debate también se traslada a otros eventos, como bodas, obras de teatro o incluso cenas familiares. ¿Es apropiado grabar cada instante? ¿Se pierde algo cuando se está más pendiente de la cámara que del entorno real?
La necesidad de decir que estás, en vez de ‘estar’
En el fondo, esta polémica revela una tensión más profunda: la relación entre las redes sociales y la necesidad de mostrarnos. De hacer ver a los demás lo bien que lo pasamos y de las cosas que disfrutamos. Esto acaba consiguiendo que, en muchas ocasiones, no grabemos un concierto (o lo que sea) para recordar, sino para demostrar que estuvimos allí.
Subir una historia en Instagram y esperar los «likes» se ha vuelto parte de la experiencia en sí. Más que vivir el momento, estamos transmitiendo en directo nuestra vida, como si fuera un reality show, dejando claro que no nos perdemos nada. Es decir, que la cultura del «aquí estoy» ha reemplazado muchas veces al simple «estoy», como si vivir una experiencia sin subirla a redes no contara.
Irónicamente, intentamos inmortalizar un instante mientras dejamos de vivirlo y en esto no podemos estar más de acuerdo con el cantante español, ya que hay momentos que son para vivirlos en directo, no para verlos con retraso a través de una pantalla de 6,67 pulgadas.
