Llevamos un par de años aguantando la misma historia cada vez que sale un teléfono de gama alta: abres la caja, que ahora es fina como un paquete de pañuelos, y te encuentras el móvil, un cable que da gracias si llega al metro y poco más. La excusa de las marcas siempre es la misma: «Lo hacemos por el planeta». Pero claro, cuando te gastas mil euros en un dispositivo y ves que el cargador brilla por su ausencia, es normal que esta explicación no te sirva mucho.
Siendo sinceros, la realidad s que esta decisión tiene muchos matices. No se trata de decir que las marcas nos mienten descaradamente, porque no es así, pero sí de entender que su «ecologismo» les viene de perlas para cuadrar su cuentas anuales.
Sí, es beneficioso para el medio ambiente
Cuando hablamos de preservación del medio ambiente no solo nos referimos a la fabricación de menos cegadores, al menor gasto en cartón de cajas o al reciclaje de los millones de adaptadores de corriente que tenemos por nuestros cajones. No, la logística es el más sólido de los argumentos que tienen los fabricantes.
Es pura física. Si la caja ocupa la mitad, en un contenedor de barco donde antes metías mil móviles, ahora metes mil setecientos. Eso son menos barcos cruzando el océano, menos camiones quemando gasoil en la carretera y, por tanto, menos contaminación soltada a la atmósfera. En este punto, Apple, Samsung o Xiaomi tienen toda la razón del mundo: mover sus productos hoy contamina bastante menos que hace cinco años.
¿Solo beneficia al medio ambiente?
El supuesto ahorro de residuos electrónicos es un arma de doble filo. Las marcas dicen que «ya tenemos cargadores en casa». Vale, puede ser. Pero esos cargadores suelen ser viejos, de poca potencia o con conexiones que ya no rinden igual. Si te compras un móvil que carga a 65W y en tu cajón solo hay un adaptador de 10W de hace tres años, vas a acabar yendo a la tienda a comprarte uno nuevo.
¿Y qué pasa entonces? Que ese cargador nuevo viene en su propia caja de cartón, con su propio plástico protector y requiere un envío logístico aparte solo para él. Al final, lo que te ahorraste de espacio en la caja del móvil lo acabas gastando por otro lado. Al final, parece que el planeta se salva a medias, pero tu cartera sí que nota el tener que pagar 30 euros extra por algo que antes venía de serie.
Al final, lo más ecológico no es quitar el cargador, sino fabricar móviles que duren cinco años en lugar de dos. Mientras eso no cambie, el debate del cargador seguirá pareciendo más una maniobra de marketing que una revolución ambiental. La buena noticia es que, gracias a que no vienen en la caja, muchos usuarios han descubierto los cargadores GaN, que son pequeñitos, no se calientan y te sirven igual para el móvil, la tablet y el portátil.
Y esa sí que es la verdadera sostenibilidad, lo que de verdad ayuda a dejar de acumular basura electrónica mediocre y tener un solo accesorio de calidad que sirva para todo.
