Hay un gesto muy común entre quienes estrenan móvil: antes incluso de encenderlo, ya tienen preparada una funda. De hecho, hay muchos fabricantes que la incluyen en la caja del teléfono (el cargador no, pero la carcasa que no falte). Seguro que uno de los mandamases de Android no está entre ellos.
Y es que esa manía de proteger al dispositivo lleva entre nosotros mucho tiempo, pero dentro de la industria, no todos comparten esa filosofía. Concretamente Sameer Samat el máximo responsable de Android reconoce abiertamente que detesta utilizarlas, y el motivo es tan simple como comprensible.
Durante una entrevista concedida en el marco del pasado Mobile World Congress 2026, el presidente del ecosistema Android de Google, dejó caer un detalle curioso sobre su relación con los smartphones: no soporta las fundas.
Cuando el medio le preguntó por qué llevaba varios teléfonos sin protección, su respuesta fue clara: no quiere ocultar el diseño del teléfono.
El directivo piensa que una funda estropea un móvil bonito, sintiendo que, al usar una carcasa protectora, se pierde gran parte del diseño original del producto. Según sus propias palabas, hay terminales cuyo acabado, materiales y estética están tan trabajados que cubrirlos con silicona o plástico le parece casi un desperdicio.
¿Son realmente necesarias las fundas para el móvil?
La opinión de Samat abre un debate interesante: ¿merece la pena esconder el diseño del móvil bajo una funda?
La realidad es que, en la mayoría de los casos, sí tiene bastante sentido usarlas. Los teléfonos actuales son cada vez más resistentes, pero también más delicados en ciertos aspectos. Cristales traseros, bordes pulidos y pantallas enormes convierten cualquier caída tonta en una posible visita al servicio técnico.
Una funda de calidad protege nuestro smartphone frente a golpes, arañazos y pequeños accidentes cotidianos. Un resbalón al sacar el móvil del bolsillo, un impacto contra una mesa o incluso el roce constante con llaves y monedas puede acabar dejando marcas permanentes.
En mi experiencia probando móviles de distintas gamas, hay una diferencia enorme entre un terminal usado durante meses con funda y otro sin ella.
Además, las fundas tienen otro beneficio como es un mejor agarre. Muchos fabricantes siguen apostando por acabados premium muy atractivos visualmente, pero tremendamente resbaladizos. En este caso, una funda sencilla puede reducir bastante el riesgo de caída accidental.
Ahora bien, tampoco son perfectas y aquí es donde la visión del jefe de Android cobra cierto sentido. El primer inconveniente es evidente, ya que alteran el diseño del teléfono. De esta forma, un móvil ultrafino deja de sentirse tan fino, un color llamativo desaparece y un diseño cuidado termina siendo prácticamente irreconocible.
El otro problema, aunque menos visible, es más preocupante, y tiene que ver con el calor.
Algunas fundas, sobre todo las más gruesas o de materiales poco transpirables, dificultan ligeramente la disipación térmica del dispositivo. No significa que el móvil vaya a sobrecalentarse automáticamente, pero sí puede influir en sesiones intensas de juego, grabación de vídeo o carga rápida, momentos en los que el terminal necesita trabajar al máximo y disipar su calor.
