Durante años, estrenar un teléfono de marcas como Xiaomi, OnePlus o Realme incluía un pequeño ritual: despegar el plástico con letras impresas y encontrarse debajo un protector de pantalla de silicona perfectamente preinstalado de fábrica (toda una alegría, ya que si lo tuviéramos que poner nosotros se convertiría en un nido de burbujas).
Sinceramente, era un detalle fantástico que ahorraba tiempo, dinero y la tortura de pelearse con tu propio protector al comprarlo por tu propia cuenta (y riesgo).
Sin embargo, si has comprado un smartphone recientemente, habrás notado que la pantalla viene completamente desnuda.
Y no, no es que el fabricante se haya olvidado de incluirlo, ni es otro ahorro de costes con la sostenibilidad como excusa. La desaparición de este accesorio responde a la propia evolución de nuestros teléfonos y, por supuesto, una estrategia de negocio que tiene todo el sentido del mundo para los fabricantes.
Por qué tu móvil nuevo ya no trae protector de pantalla de fábrica
El primer motivo, y el más técnico, reside en la propia evolución del cristal de los smartphones.
Compañías especializadas como Corning (creadores de Gorilla Glass) o la propia Apple con su Ceramic Shield han desarrollado compuestos químicos que alteran la estructura molecular del vidrio. Los cristales actuales son infinitamente más resistentes a las caídas que los de hace cinco años y colocar una fina lámina de plástico maleable sobre una superficie de ingeniería ultraavanzada ya no aporta una protección real contra los impactos.
Además, este plástico de fábrica jugaba en contra de la experiencia de usuario. Se rayaba con una facilidad pasmosa (incluso con las uñas o las llaves), lo que daba la falsa sensación de que la pantalla del teléfono era frágil. Al cabo de unos meses, el plástico presentaba un aspecto desgastado y opaco que arruinaba la nitidez y los ángulos de visión del panel OLED que tanto dinero había costado desarrollar.
La llegada de los lectores de huellas ultrasónicos bajo la pantalla terminó de sentenciar este accesorio. Sensores como los que utiliza Samsung en su gama alta necesitan una precisión absoluta para leer las líneas del dedo mediante ultrasonidos. En este sentido, un protector de plástico de grosor considerable o mal adherido introduce aire y distorsiona la señal, provocando fallos de lectura que generaban una frustración del usuario, que culpaba al propio teléfono.
Sí, es cierto que tampoco podemos olvidar el factor ecológico y de costes.
Al final, ese pequeño plástico, insertado en los cientos de millones de dispositivos que se distribuyen globalmente cada año, acaba generando toneladas de residuos plásticos no biodegradables.
Si le sumamos que retirarlo reduce el peso del paquete de envío y abarata los costes de fabricación de forma drástica, entenderás por qué ya no encuentras un protector de pantalla adherido al panel de tu nuevo smartphone.
Al final, las marcas prefieren que la pantalla luzca impecable desde el primer momento, y si por el camino ahorran costes y colaboran con el medio ambiente, mejor que mejor.
Si el usuario prefiere sacrificar un poco de esa sensibilidad y estética para ganar un extra de seguridad ante los arañazos cotidianos, que sea porque él quiere.
