La tecnología ha llegado a todos los momentos de nuestra vida, tanto en los familiares como en los más solitarios, en el trabajo y también en el deporte. Una de las aplicaciones más populares entre los runners y ciclistas es Strava, la que ha terminado provocando que aborrezca salir a entrenar. Lo que antes hacía por diversión, entrenamiento y sentirme bien conmigo mismo, ahora me obliga a compararme constantemente.
Esto me ha llevado a dejar de usar Strava como lo hacía antes, aunque mis entrenamientos se seguirán vinculando mientras pruebe relojes inteligentes deportivos, porque así es mi trabajo; no permitiré que ningún desconocido pueda ver las rutas, tiempos o velocidad. Al mismo tiempo que gano en tranquilidad por la presión social, me ahorro problemas de seguridad. Se habla mucho de que Instagram es una de las redes sociales más tóxicas y no les quito razón, pero también habría que tener en cuenta las apps deportivas que analizan nuestro recorrido y se centran en exponerlo.
El deporte deja de ser libertad en internet
Uno de los pilares de los deportes tiene que ver con la libertad que supone practicarlos, alejándote de la tecnología y permitiéndote evadirte durante unas horas o unos minutos de la realidad que nos rodea. Entrenar era mi mecanismo de escape, pero dejó de transmitirme todo eso cuando comencé a utilizar Strava y a fijarme en lo que otros hacían, comparándolo con mis resultados.
Jamás he sido un gran runner, ni siquiera me emocionan las carreras populares o las maratones, pero siempre he encontrado en correr o en montar en bicicleta una motivación que no se puede comparar con otros momentos de la vida.
Esto poco a poco se ha ido perdiendo dentro de mí y tiene una completa relación con los datos que veo y que comparto en internet. Competir puede ser bueno en algunos ámbitos, pero pienso que entre los runners aficionados no resulta siempre positivo. Superar el récord personal en Strava es una trampa, también conseguir el segmento más rápido. Son solo algunos de los éxitos que podemos conseguir en la aplicación; nos ofrecen un pico de emoción y dopamina que pocos segundos después queda en el olvido. Algo que pienso que no puede compararse con las malas sensaciones que te deja no haber conseguido el objetivo tantas y tantas veces anteriormente o posteriormente.
Situaciones que nos pueden llevar a sobresaturarnos con tal de ponernos al nivel que nuestros amigos o conocidos en Strava, generándonos una ansiedad social que puede terminar en frustración y llevándonos a dejar en el olvido el deporte.
Pienso que resulta mucho mejor convertir Strava en un diario personal al que solo tengan acceso nuestros amigos y familiares más cercanos. Esto fue lo que yo hice y conseguí volver a disfrutar de los paisajes por los que corro, pero sobre todo de las sensaciones positivas que solo consigue el deporte.
La seguridad, otro factor determinante que pasa por Strava
Hay personas que comparten todos los días sus entrenamientos, limitando su zona privada a escasos 200 metros alrededor de su casa, algo que puede ver cualquier persona del mundo con solo visitar nuestro perfil de Strava. Podemos pensar que con esa distancia de seguridad estamos a salvo, pero la realidad es que resulta muy sencillo triangular aproximadamente la ubicación y además, aprender de los horarios comunes de entrenamiento. Ya hay casos de personas que han tomado la decisión de ocultar por completo estos datos en Strava y yo me he unido a ellos antes de arrepentirme. El propio Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) alertó de cómo las aplicaciones deportivas exponen patrones de movimiento que pueden permitir la identificación de domicilios y horarios.
Cada uno es libre de hacer con sus entrenamientos, su ego e incluso con su tranquilidad personal lo que quiera; este contenido se basa en una experiencia y reflexión personal sobre el uso de las aplicaciones deportivas en la actualidad.
