Las antenas de telefonía móvil ¿son peligrosas o no?

Las estaciones base de telefonía móvil, las «antenas» de las que tanto se habla y que vamos a ver proliferar al mismo tiempo que se extiende la cobertura LTE en nuestro país siguen teniendo ese halo de incertidumbre sobre sus efectos sobre la salud. Repasamos los últimos estudio tanto a favor como en contra.

En muchas localidades leemos que se quejan de la falta de cobertura de tal o cual operador o de la poca calidad de la señal. Con la llegada del LTE, veremos otra ronda de instalación de más antenas base para aumentar la capacidad de las redes de telefonía móvil y volverá, de nuevo la polémica sobre si son perjudiciales o no para la salud.

A favor

En la web de Governança Radioelèctrica de la Generalitat de Catalunya se explica el funcionamiento de las estaciones base, de las que explican que la onda electromagnética que producen pierde su potencia muy rápidamente y al atravesar paredes. Según comentan en este site, las antenas instaladas en edificios nunca apuntan hacia estos y están calibradas para emitir a la menor potencia necesaria, estando activas cuando se conectan a un teléfono en la celda que gestionan.

La definición que encontramos en el portal de la Comunidad de Madrid va más allá e indica «en una antena típica de telefonía móvil la emisión radioeléctrica se efectúa hacia el frente y en horizontal, en forma de un haz sensiblemente plano, y abarca un sector entre 60 y 120 grados. Las emisiones son casi inexistentes en el resto de direcciones (atrás, abajo y arriba).»

antenamoviles-WEB

A través de esta web encontramos también otros estudios que apoyan el bajo o nulo impacto en la salud de las antenas de telefonía como puede ser el de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la Comisión Internacional sobre la Protección en frente de las Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP), o las resoluciones del Consejo de la Unión Europea, y estudios propios del gobierno español.

Lorne Trottier, co-fundadora del Matrox Group, y Kenneth R. Foster, profesor de bioingeniería en la Universidad de Pensilvania, afirmaban recientemente que, tras un estudio del asunto, «no, los teléfonos móviles no son dañinos y cada estudio que llega a esta conclusión puede ser fácilmente rebatido».

De momento, como se indica en la web de la OMS, los estudios no proporciona pruebas de que “la exposición medioambiental a campos de radiofrecuencia como los que se dan en en las estaciones base, incremente el riesgo de cáncer o de otras enfermedades”.

En contra

Del otro lado, encontramos bastantes movimientos ciudadanos, como la Plataforma Estatal contra la Contaminación Energética que bajo la iniciativa No Antenas Cerca reúne a más de cincuenta asociaciones y que están preparando una Iniciativa Ciudadana Europea contra la Contaminación Electromagnética, que tenían planteado presentar este mes de enero en Bruselas. En su manifiesto afirman que «hay un reconocimiento unánime de la existencia de efectos ‘no térmicos’ por parte de los investigadores científicos independientes de la industria».

El principal estudio referido, tanto por esta como  en este aspecto es el Informe BioInitiative 2012, en el que 29 científicos y expertos en salud independientes revisó 1.800 estudios y concluían que «existía evidencia de crecientes riesgos para la salud de los campos electromagnéticos y las tecnologías inalámbricas.»

Entre las conclusiones de BioInitiative se indica que en estos estudios se ven consecuencias nocivas ante una exposición, incluso mínima, a campos electromagnéticos como el de la pérdida de la capacidad de reparación del ADN en células madre humanas, neurotoxicidad en humanos y animales, impacto en la morfología y la función de los espermatozoides o efectos sobre el comportamiento de la descendencia entre muchos otros.

¿Habría solución si se demuestran peligrosas?

Pues lo cierto es que la solución es bastante difícil. Sin antenas no hay conexiones y, como también indican en Madrid.org, llevárselas lejos de los centros urbanos no lo arreglaría.  Aún en algunos casos en los que fuera técnicamente realizable sin perder la cobertura del servicio, no resulta aconsejable porque obliga a las estaciones base a emitir a elevada potencia para dar cobertura en la ciudad, y a los terminales a emitir también a mayores potencias para poder alcanzar la estación base, incrementándose, en definitiva, los niveles de exposición.

Por otra parte, el hecho de que podamos escuchar la radio, ver la televisión o hablar por un móvil dentro de una casa indica que las radiaciones de baja frecuencia atraviesan las paredes. Para impedir el paso de todas sería necesario blindar los muros de las casas y renunciar a cualquier tipo de señal inalámbrica que, aún así, no evitaría la existencia de otros campos magnéticos como los producidos por los hilos de la corriente eléctrica o electrodomésticos como el microondas.

Con los datos en la mano tanto de un lado como del otro, lo cierto es que estamos en un término medio entre la incertidumbre y el excepticismo. ¿Será la señal de las antenas de telefonía tan nociva como dicen unos o tan inócuas como defienden los otros? La realidad es que, de momento, hay razones, al menos argumentos de un lado o de otro, para pensar que muy probablemente estemos en un término medio.

¿Y vosotros qué opinais? ¿A qué parte dais más crédito, a los estudios que las defienden a los que las atacan? Dejadnos vuestros comentarios.