Las fichas técnicas de muchos móviles presumen de certificación IP68. Esto asegura que el dispositivo pueda mantenerse a metro y medio de profundidad bajo el agua durante 30 minutos. Sin embargo, todos nos hemos encontrado alguna vez con un teléfono que supuestamente es resistente al agua y que deja de funcionar al rato de estar en contacto con ella.
Esto es más común de lo que parece, ya que la certificación IP es mucho más compleja de lo que parece. De modo que la resistencia al agua es un tema algo polémico en smartphones por diferentes razones, así que no eres el único al que se le ha estropeado su móvil por culpa del agua.
La importancia del tipo de agua
El principal problema de la certificación IP es que hace referencia a un tipo de agua en concreto, ya que las pruebas se realizan con agua dulce en unas condiciones ideales. Es cierto que muchas marcas realizan pruebas de durabilidad a sus dispositivos, como ya pudimos ver en algunas de las visitas a las que hemos asistido, como la sede de vivo en China, donde expresamente vimos un smartphone recibiendo chorros de agua a presión.
El problema radica en que el agua de las piscinas lleva cloro y la de la playa lleva sal. Ambos elementos son muy peligrosos para la integridad del dispositivo: la primera puede resecar las gomas de inmersión, mientras que la segunda es corrosiva y conductora, es decir, puede acabar con el dispositivo en cuestión de horas. Esto quiere decir que hay que tener mucho cuidado con el tipo de agua que entra en contacto con nuestro teléfono.
La caducidad de la resistencia
Hay un factor muy importante acerca de la protección que presentan todos los smartphones y que los fabricantes se ahorran de explicar. La resistencia al agua es una cualidad que se degrada con el paso del tiempo, como ocurre con la dureza del cristal y el color del chasis. Causas como los cambios de temperatura que genera el procesador al jugar o la carga rápida pueden provocar que el pegamento pierda elasticidad.
Además, las caídas y golpes contra el teléfono, aunque no rompan nada, sí que pueden abrir brechas que son imperceptibles para el ojo humano, pero que, a largo plazo, acaban traduciéndose en pérdida de la durabilidad. Un móvil con 3 o 4 años de uso intensivo probablemente ya no presenta la misma resistencia que cuando lo sacaste de la caja, pese a cumplir con la certificación IP68. Esto puede provocar que el agua llegue a entrar dentro, provocando posteriormente humedad tras el calor que genera el smartphone.
Pérdida de la garantía
Si intentas engañar al servicio técnico, llevas las de perder. Todos los dispositivos modernos llevan en su interior unos indicadores de contacto con líquidos. Son pequeñas pegatinas blancas que se vuelven rojas o rosas al contacto con el agua. En el caso de que el técnico abra el móvil y vea el punto rojo, ya no hay discusión, ya que hay muchas situaciones que no cubre la garantía en daños relacionados con el agua.
Ten cuidado a partir de ahora y mantén tu smartphone alejado del agua lo máximo posible para evitar un mal rato y tener que comprar un nuevo móvil.
