No sé en qué momento dejamos de emocionarnos con las presentaciones de Apple. Antes, cada keynote era un evento: te conectabas, veías a Steve Jobs o a Tim Cook subir al escenario y sabías que algo iba a cambiar. El primer iPhone, la App Store, el iPhone 4 con ese diseño rompedor… hasta el Touch ID o Face ID eran pasos que marcaban tendencia. Pero de un tiempo a esta parte, la sensación es la de ver un déjà vu cada septiembre. Y mucho me temo que con el iPhone 17 la cosa no va a ser muy diferente.
Supuestamente, el iPhone 17 o iPhone 26 llegará al mercado con un iPhone 17 o 26 Air entre sus modelos. Pero si nos centramos en los últimos rumores que rodean a los dispositivos, las grandes novedades de los teléfonos serán un diseño inspirado en los Google Piel (que los propios fanboys de Apple tachaban de horrendos) y que los modelos base van a tener un panel de 120 Hz. Sí, en pleno 2025, como si estuvieran presentando un invento revolucionario. Mientras tanto, en Android, hasta móviles de 200 euros llevan años incorporando pantallas con esa tasa de refresco. Samsung, Xiaomi, Realme… todos lo tienen desde hace varias generaciones. Y Apple, que en teoría “lidera” la innovación, lo anuncia como si fuera el no va más tecnológico.
Lo más irónico es que esta falta de innovación se nota incluso en su gran apuesta de este año: Apple Intelligence. Llevan meses vendiéndolo como el futuro de la inteligencia artificial integrada en el móvil… y no termina de arrancar. Beta tras beta, retrasos, funciones limitadas solo a ciertos países y un montón de características que suenan muy bien en papel, pero que en la práctica están a medias. Da la impresión de que Apple ha llegado tarde a la fiesta de la IA, y encima sin saber muy bien a qué juego se está jugando.
El problema es que la estrategia de Apple parece haberse convertido en un ciclo de mínimos cambios para vender máximos titulares. Un diseño que apenas varía, un par de colores nuevos, alguna función que ya existía en Android rebautizada con nombre pomposo, y listo.
No me malinterpretéis: el iPhone sigue siendo un producto sólido, con buena construcción y un ecosistema cómodo, pero eso no es innovación, es continuidad. De hecho, hasta las cámaras de los teléfonos de Apple, la gran punta de lanza de los smartphones de Cupertino desde hace años, empiezan a quedarse atrás.
Da igual, venderá como churros
Lo más curioso es que, pese a esta aparente pereza creativa, el iPhone 17 seguramente volverá a ser el móvil más vendido del mundo. Y no porque sea el mejor en todo, que no lo es, sino porque Apple ha sabido construir un símbolo de estatus, un ecosistema que atrapa y una marca que vende aspiracionalidad más que especificaciones.
A la gente no le importa que la competencia ya tenga pantallas de 120 Hz, cámaras periscópicas o carga ultrarrápida desde hace años. Lo que quieren es tener “el nuevo iPhone” y todo lo que eso implica socialmente, aunque solo sea para usar WhatsApp, y mal.
Apple juega otra liga. No compite por ver quién mete más megapíxeles o quién carga el móvil en 10 minutos. Compite por que sus usuarios sientan que no necesitan mirar a otro lado. Y eso, aunque a los que seguimos la tecnología nos frustre, es un modelo de negocio brutalmente efectivo.
