El coste humano del iPad y del iPhone

Vuelve a la palestra la polémica sobre las condiciones laborales que soportan los trabajadores chinos de proveedores de Apple. Un reportaje de The New York Times revela el espeluznante coste humano que han tenido productos como el iPhone o el iPad en los últimos cuatro años y cómo la empresa ha obviado esta situación para mantener una producción y precios competitivos.

Dos reporteros de The New York Times han indagado en las condiciones reales que tienen día a día los trabajadores de las fábricas que producen los iPad, iPhones y demás productos de Apple en China. Charles Duhigg y David Barboza parten de la explosión que en el pasado mes de mayo costó la vida a Lai Xiaodong y otros tres trabajadores en una de las plantas de Foxconn. Según se desprende de la investigación, el accidente fue debido a las deficientes condiciones de trabajo en la planta y no a un simple error humano.

¿Cuanto cuesta un iPad?

A partir de ahí los reporteros indagan sobre el coste humano que supone la producción de los productos de Apple. Lo más interesante es que incluyen entrevistas, manteniendo el anonimato de sus interlocutores, en las que han hablado tanto con ex-ejecutivos de la compañía de la manzana mordida y de sus proveedores, como con directivos actuales de la empresa. Y lejos de mantener una postura displicente, algunas de las declaraciones son, directamente, espeluznantes: «puedes fabricar en un factorías confortables y adecuadas para el trabajador o puedes reinventar tu producto cada años y hacerlo mejor, más rápido y más barato».

Explosiones, intoxicaciones, etc. y lo peor, se sabe y no se evitan

El repaso de los periodistas de The New York Times por todos los incidentes de las fábricas tecnológicas de la zona de Shenzen es devastador. Explosiones, intoxicaciones, trabajadores que viven hacinados al lado de las empresas, jornadas interminables sin días de descanso y todo ello ante una aparente impasividad de la compañía californiana que, en aras de la productividad y la reducción de costes, parece mirar a otro lado.

Duhigg y Barboza recuerdan que Apple tardó un año en indemnizar a los 137 trabajadores intoxicados en la empresa Wintek, encargada del sellado de la pantalla del iPad, después de recibir una gran presión por parte de numerosos grupos y abogados defensores de los derechos humanos.

Un código de conducta sobre el papel, pero no aplicado

En 2007, comentan Duhigg y Barbozza, Apple elaboró un código de conducta para sus proveedores con el que intentaba paliar la situación que se estaba produciendo, eso sí, sin que esto afectara sus objetivos de aumentar producción y reducir costes. Este documento ha sido violado de forma incesante por las empresas a las que iba dirigido ya que, como indica un ejecutivo de una compañía que ayudó en la comercialización del iPad, «la única manera que tienes de hacer dinero trabajando con Apple es pensar como hacer las cosas más eficientes o baratas» y añadía «y entonces ellos (Apple) volverán el año que viene para forzarte a recortar los costes un 10%».

Apple lo sabe, pero no es rentable solucionarlo

Y es que, como un anónimo ejecutivo de Apple comenta en el reportaje «por supuesto que estamos al tanto de los abusos en algunas fábricas en los últimos cuatro años». Al ser cuestionado por el por qué de que Apple siga, entonces, trabajando con esas empresas contesta «¿que por qué? Porque el sistema trabaja para nosotros. Los proveedores podrían cambiar todo mañana si Apple se lo exige y no tendrían otra alternativa», y tras una pausa añadía «¿Si la mitad de los iPhone que produjeran funcionaran mal, crees que Apple hubiera dejado que los fabricaran durante cuatro años?» La respuesta a esa pregunta da miedo.

¿Realmente nos importan más los productos que las personas?
Pero, no sólo podemos echar la culpa a las empresas. El mercado, es decir, nosotros, consumidores tremendamente exigentes que apelamos a una constante y rápida renovación de producto sin que eso suponga unos precios altos, tenemos buena parte de culpa. «Actualmente, los consumidores están más preocupados sobre el nuevo iPhone que por las condiciones de trabajo en China.» estas declaraciones del directivo de Apple son, tristemente, una realidad.

Cuando estás en contacto diariamente con los productos de tantas compañías, ya que no sólo Apple fabrica en China y Foxconn no es la única fábrica, este tipo de artículos son una auténtica llamada de atención cuando, al final, muchas de las discusiones sobre estos temas tratan sobre si tal o cual empresa es la más «innovadora», con mejores productos o con un mejor software.

Hay veces que deberíamos pararnos a pensar si esta vorágine en la que nos hemos metido, donde los smartphones de hace sólo un año nos parece ya «desfasados» y sólo queremos saber cuando llegarán los nuevos para volver a despreciarlos seis meses después, nos hace también tener buena parte de culpa de la situación y alguna responsabilidad para trabajar por su solución.

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