Han demostrado que la carga rápida de 120 W no destroza las baterías
Desde que la carga rápida de los smartphones se comenzó a multiplicar, son muchas las quejas y críticas que hemos visto sobre el uso excesivo de esta tecnología. Innumerables ocasiones ha mencionado que las cargas rápidas deterioran mucho más rápido las celdas que componen estas baterías, un efecto que en ninguna ocasión ha sido confirmado ni negado rotundamente por las marcas.
Teniendo en cuenta las limitaciones que nos ofrecen las baterías de litio e incluso ahora los de silicio, todos podíamos imaginar que algún efecto negativo tendrían, sobre todo ahora teniendo en cuenta que es muy habitual encontrarnos con smartphones de gama media que superan los 40 vatios de carga rápida. Sin embargo, no se había demostrado por ahora de una forma tan clara y precisa como se comportaban las baterías en un periodo de tiempo prolongado tras haber sido utilizadas con carga rápida frente a una carga mucho más lenta.
El canal de YouTube HTX Studio ha llevado a cabo una se activa a prueba en la que varios iPhones y teléfonos Android se cargaban durante varios meses aprovechando su máxima carga rápida para comprobar como son los daños que esta tecnología provoca.
Las dudas sobre la carga rápida han quedado demostradas
Para poner la prueba la carga rápida de los dispositivos se han utilizado diez iPhone 12 y al mismo tiempo diez smartphones Android, concretamente los iQOO 7, que fueron divididos en cuatro grupos diferentes en función de la prueba que se iba a realizar.
- Grupo con 3 smartphones cargados a la máxima potencia, 20 W en los iPhone y 120 W en los teléfonos Android.
- Grupo con 3 smartphones cargados a la mínima velocidad posible, 5 W en los iPhone y 20 W en los teléfonos Android.
- Grupo con 3 smartphones cargados solamente entre el 30% y el 80% de su capacidad.
- Grupo de control compuesto por un iPhone y un teléfono Android que no fueron cargados durante los 6 meses que duró el test.

Como podemos observar, la prueba fue minuciosa y se tuvo en cuenta todos los posibles efectos de la carga rápida en los terminales. Además, resulta muy importante tener en la comparativa un terminal de ambos sistemas operativos que no fue cargado para comprobar realmente al finalizar todas las pruebas, como había sido la evolución.
Para tener unos datos reales se consiguió medir la capacidad de todas las baterías de los teléfonos antes y después de realizar las pruebas, una vez finalizado el período con 500 ciclos de carga se observó como había evolucionado la capacidad en todos los grupos puestos a prueba.
Y esto dio paso unos resultados esclarecedores donde podemos comprobar que ni en los iPhone ni en los teléfonos con Android se nota una gran diferencia entre los móviles que fueron sometidos a una carga rápida máxima, mínima o controlada entre el 30% y el 80%. Todos los smartphones perdieron capacidad tras los 500 ciclos de carga, aunque los efectos se notaron más en aquellos que se descarguen por debajo del 30% y se cargaron por encima del 80%, llegando a darnos una diferencia notable del 4% en los iPhone y del 2,5 % en Android.


Si comparamos los resultados obtenidos entre cargar un smartphone Android con 120 W y uno limitado a tan solo 20 W, podemos comprobar que la diferencia es mínima, apenas ganaremos 0,4 décimas. En el caso de los iPhone el resultado es similar, pasando de 20 W a solo 5 W, donde ganaremos 0,5 décimas.


Estos resultados nos dejan una clara conclusión, no importa tanto la velocidad con la que cargamos el smartphone, pero sí es mucho más importante controlar el porcentaje máximo y el mínimo al que permitimos que la batería llegue diariamente.