La cámara de los teléfonos móviles se ha convertido en la principal herramienta que tenemos para capturar momentos y recuerdos. Sin embargo, en pleno 2026, donde el papel de la IA cada vez es más grande, surge un debate sobre si los recuerdos que creamos son falsos, es decir, una creación de algo que nunca existió.
El problema no reside en la corrección de color o en la reducción de ruido mediante el procesamiento de la imagen, un recurso que siempre ha existido en smartphones y que no modifica radicalmente el resultado final. El dilema surge con la inteligencia artificial generativa, aquella capaz de eliminar personas, cambiar el cielo e incluso seleccionar las mejores tomas individuales para cada persona en una foto grupal si se han tomado varias fotos. Todo esto no hace más que modificar un recuerdo de nuestro pasado para que sea perfecto, perdiendo la esencial del momento y convirtiéndolo en ficción.
De la realidad a la ficción
La fotografía móvil no ha parado de evolucionar desde sus inicios, desde el hardware hasta el procesado computacional de imagen para reducir el ruido y conseguir mejores resultados en la noche, así hasta llegar a la actualidad con la inteligencia artificial. Herramientas como el editor mágico de Google ya no trabajan directamente sobre la imagen real capturada por la lente, sino que imaginan cómo debería ser una foto para obtener el resultado final.
La IA se inventa texturas, luces y elementos que nunca estuvieron ahí realmente, buscando como objetivo que la foto sea estéticamente perfecta. Sin embargo, a través de estos procesos se pierde el valor original de la imagen, es decir, si cualquier elemento de la foto puede generarse con un algoritmo, la propia foto pierde su esencia al no tratarse de una captura de un momento específico tal y como lo vivimos, sino una mera creación a partir de nuestros recuerdos.
El peligro que supone
Las fotos nos recuerdan a instantes precisos y es aquí donde la inteligencia artificial puede jugarnos una mala pasada. Si cada vez que vamos de viaje nos dedicamos a editar con IA todas las imágenes y eliminar las imperfecciones, estamos construyendo una galería llena de recuerdos falsos. Por ejemplo, se pierde la naturalidad de una foto en grupo donde cada uno posa y pone una cara divertida para la foto, pero no es el único inconveniente.
Otro problema que puede surgir con la IA para las fotos que hacemos con el móvil es la homogeneización. Los algoritmos de la inteligencia artificial tienden a buscar la perfección, lo que puede provocar que muchas fotos empiecen a parecer iguales entre sí, perdiendo esa personalidad y espontaneidad del momento.
Por no hablar de que existe una presión constante por mostrarnos impecables en redes sociales, alcanzando el máximo grado de perfección posible. Una necesidad creada generalmente por los influencers, quienes siempre lucen perfectos. Sin embargo, el tipo de contenido que comparten se aleja en exceso de la realidad.
Está claro que la tecnología es una aliada fundamental y que funciones como el Borrador mágico de Google son ideales para eliminar a una persona que estropea una foto casi perfecta. El problema está en las herramientas que cambian por completo una imagen, su escenario o las caras de los usuarios que componen la imagen, y parece que a muchos les da igual.
