Recientemente, mi pareja tuvo que cambiar de teléfono tras romperse la pantalla de su iPhone 13. Aprovechando una buena oferta, decidió cambiar de aires y adquirir un Samsung Galaxy Z Flip7. Y tengo que admitirlo: verla usarlo ha hecho que quiera cambiar mi Pixel 8a inmediatamente, porque de repente siento que la experiencia con un móvil de toda la vida ya no es lo mismo.
Al comparar mi smartphone tradicional con su nuevo plegable en el día a día, la conclusión es inevitable. A pesar de tener un teléfono potente, con una cámara excelente y técnicamente perfecto como el Pixel, el formato clásico me parece ahora terriblemente aburrido frente a la versatilidad y el diseño del Flip7 de Samsung.
La pantalla externa del Galaxy Z Flip7 es una fantasía
Lo que más me ha sorprendido es todo lo que se puede hacer sin abrirlo. Pensaba que la pantalla externa sería solo para ver la hora, usar algunas apps compatibles y poco más… Sin embargo, hay todo tipo de aplicaciones que están optimizadas a la perfección para ese formato, y para las que no, Samsung tiene un as bajo la manga: el módulo MultiStar de Good Lock. Gracias a esto, se puede ejecutar literalmente cualquier app en la pantalla externa con tan solo añadirla desde los ajustes, desde TikTok hasta Spotify.
Asimismo, verla responder WhatsApps rápidamente con el móvil cerrado me ha desbloqueado un recuerdo que creía olvidado: la satisfacción inmediata que sentía cuando usaba mi vieja BlackBerry al escribir . Es esa misma sensación de eficiencia y control en un formato compacto. Además, personalizar esa pantalla con GIFs y widgets se ha convertido en su nuevo pasatiempo favorito debido a la inmensa cantidad de posibilidades que hay a su disposición.
Selfies de calidad
La cámara es otro aspecto diferencial. No porque las lentes sean mejores que las de mi móvil sobre el papel, sino por cómo se usan. Al poder cerrar el móvil y usar la pantalla externa como visor, se hacen los selfies con la cámara principal, no con la frontal.
La diferencia de calidad es abismal. Mientras que yo dependo de una cámara frontal, ella obtiene el rango dinámico y el detalle de un sensor de gama alta. Y si queremos una foto juntos, simplemente dobla el móvil en forma de L, lo apoya en cualquier mesa y listo. Ya no hay que buscar ningún objeto para que sirva como soporte del móvil.
Los mitos de la batería y el pliegue
Tengo que admitir que, aunque siempre he sido fan del concepto de los plegables, nunca me había atrevido a dar el paso por miedo a la durabilidad o la autonomía. Sin embargo, ver el Samsung Galaxy Flip7 en acción ha disipado todas mis dudas.
En el uso diario, la batería le está durando exactamente lo mismo que la de un móvil normal, aguantando días completos de uso con porcentaje de sobra. Por otro lado, respecto a la pantalla, cabe destacar que el pliegue es invisible a la vista cuando lo usas de frente y el cierre de la bisagra es perfecto, sin dejar ni un solo hueco.
Mi teléfono sigue siendo objetivamente una bestia técnica, pero el Galaxy Z Flip7 supone una diversión absoluta frente a lo aburrido que resulta mi móvil. No es que funcione mal, es que se siente anticuado. Ahora, cada vez que veo a mi pareja con su nuevo smartphone, no puedo evitar pensar que mi futuro está ligado a los móviles plegables, y si es como el de Samsung, pues mejor que mejor.
