La resistencia al agua y al polvo se ha convertido recientemente en una de las principales preocupaciones de los fabricantes, con dispositivos que alcanzan el estándar IP69K, soportando incluso chorros de agua de alta presión. Sin embargo, y pese a la contradicción que supone, si el móvil sufre algún tipo de daño por culpa del agua, la garantía no cubrirá los daños.
Los contratos de garantía actuales incluyen una cláusula específica que exime al fabricante de responsabilidad ante cualquier daño provocado por líquidos. Esto significa que las marcas se protegen, mientras que los usuarios quedan desprotegidos. De modo que, aunque tu móvil sea sumergible, te recomendamos tener mucho cuidado.
La publicidad frente a la realidad
Cuando algunas marcas promocionan sus nuevos smartphones en las presentaciones oficiales, en algunos casos se enseña a los usuarios cómo sobrevive bajo el agua o ciertas funciones que puede realizar sumergido. El problema está en que, si niegas la cobertura ante los fallos que puede llegar a originar el agua en determinados casos, como modelos defectuosos que no están bien sellados, se roza la publicidad engañosa.
Si un dispositivo cuenta con una certificación oficial que garantiza su durabilidad frente al agua, el fallo de esa protección debería considerarse un defecto de fabricación o ensamblaje. Asumir automáticamente que se debe a un mal uso del usuario rompe el principio de confianza sobre el que se sustenta la garantía.
El chivato interno de tu móvil
Las marcas argumentan que la resistencia al agua no es permanente, ya que los sellos del dispositivo se degradan. Esto es cierto a largo plazo, pero no justifica la desprotección total hacia el usuario desde el primer día. El sistema actual presenta dos graves deficiencias:
- Ausencia de peritaje real: los servicios técnicos se limitan a verificar si los testigos de humedad internos han cambiado de color. Estos sensores químicos son extremadamente sensibles y pueden volverse rojos por simple condensación o sudor, sin que el móvil haya sido sumergido en agua.
- Culpabilidad automática: si el testigo está rojo, la garantía se anula automáticamente. El consumidor no tiene forma técnica de demostrar que utilizó el dispositivo dentro de los límites de la certificación IP68.
Una garantía más justa
El sector tiene que cambiar en este aspecto para proteger en mayor medida al consumidor, sobre todo, teniendo en cuenta que se le está garantizando la durabilidad en determinados sentidos. Una política de garantía justa debería incluir lo siguiente:
- Periodo de cobertura inicial: ofrecer la garantía al menos durante los primeros doce meses. En este periodo, la degradación natural de los adhesivos es mínima, por lo que cualquier fallo apunta a un defecto de fábrica.
- Tecnología más precisa: utilizar sensores de barómetro internos para registrar si se superaron los límites de presión atmosférica, aportando datos objetivos sobre la inmersión en lugar de suposiciones basadas en una pegatina. Si la tecnología ha avanzado tanto para que los móviles sean hoy en día herramientas completamente versátiles, también lo ha hecho para incorporar esta clase de sensores.
Vender la resistencia al agua como característica premium, pero tratar los daños por líquidos como responsabilidad del usuario es insostenible. Si el marketing dice que se puede mojar, la garantía debe responder cuando el agua provoca daños en el teléfono. De lo contrario, la certificación IP no es más que una etiqueta decorativa.
