Estrenar un móvil nuevo suele ser un momento casi automático: encender, elegir idioma, conectarse al WiFi, iniciar sesión con tu cuenta y aceptar todo para empezar a usarlo cuanto antes. Y precisamente ahí está el problema. Puede que, por las prisas, estés configurando el teléfono de forma incorrecta, concediendo demasiados permisos.
El error más común al configurar un smartphone nuevo no tiene que ver con la batería, el rendimiento o las apps preinstaladas, sino con algo mucho más delicado y que casi todo el mundo hace de carrerilla: aceptar sin revisar los permisos y opciones de privacidad desde el primer minuto.
El proceso inicial de configuración es muy importante
Durante el proceso inicial de configuración, tanto en móviles Android como en los iPhone con iOS, se concentran la mayoría de decisiones importantes que marcarán cómo se comporta el dispositivo contigo. El problema es que ese asistente está diseñado para ser rápido y cómodo, no para que el usuario entienda realmente qué está activando.
Esto es como aceptar las condiciones de uso de una app o plataforma; no te vas a parar a leer las 300 páginas y vas a aceptarlo todo corriendo. Lo que pasa es que, al hacer esto con tu móvil, puedes estar concediendo acceso completo a la ubicación, al historial de actividad, a la sincronización constante de datos y a la personalización basada en su comportamiento sin ser conscientes de ello.
Uno de los puntos más críticos aparece justo cuando inicias sesión con tu cuenta de Google en un móvil con Android. En ese momento, el sistema no solo vincula el dispositivo con tus credenciales, sino que activa por defecto opciones como el historial de ubicaciones, la actividad web y de aplicaciones, la recopilación de datos para “mejorar la experiencia” o la personalización de anuncios.
Todo ello antes incluso de que abras la primera app.
Sé consciente de lo que haces
La mayoría de usuarios piensa que ya revisará estos ajustes más adelante, pero la realidad es que ni tú ni yo ni nadie vuelve a acordarse de revisarlos. Y, si no lo haces, el móvil puede registrar y compartir por dónde te mueves, a qué horas, qué aplicaciones usas más, cuánto tiempo pasas en ellas y qué búsquedas realizas. No es espionaje en el sentido estricto, pero sí una concesión de privacidad de la que deberías ser más consecuente.
Este es un problema similar al de la gestión de permisos. Muchas veces, al descargar una app de App Store o Google Play Store, aceptamos todo tipo de permisos, como los que atañen a la ubicación permanente, al micrófono o a los contactos,. Realmente, puede que las apps necesiten estas configuraciones, pero solo de forma puntual. Al conceder esos permisos desde el principio, usamos un teléfono que comparte más información de la necesaria durante todo su ciclo de vida.
También hay que tener en cuenta la sincronización automática. Fotos, contactos, mensajes, copias de seguridad y datos de uso empiezan a subirse a la nube desde el primer minuto. Esto es cómodo y, bien configurado, muy útil, pero hacerlo sin revisar qué se sincroniza y con qué frecuencia implica perder control sobre información sensible. Especialmente en el caso de las fotos, donde la ubicación y la fecha quedan asociadas a cada imagen sin que muchos usuarios lo sepan.
La buena noticia es que esto tiene solución, incluso si ya has configurado el móvil. Revisar el panel de privacidad, limitar permisos a “solo cuando se usa la app”, desactivar historiales y ajustar la personalización de anuncios reduce de forma notable todo lo que las compañías saben de nosotros.
