Aunque pueda parecer una estupidez, he dejado de utilizar el cargador que permite que mi móvil reciba 90 W de potencia a diario. Ya se ha demostrado en más de una ocasión que la carga rápida deteriora mínimamente las celdas de la batería con el paso del tiempo, algo que no resultaría preocupante si mi intención no fuese mantenerlo durante muchos años.
Los datos y estudios confirman que las mayores cargas rápidas ejercen una presión negativa sobre la autonomía de las baterías. Por ejemplo, los estudios técnicos de Journal of Power Sources demuestran que mantener la temperatura de la batería por debajo de los 35°C mejora la vida útil. En mi experiencia, he podido comprobar cómo aquellos smartphones de mayor carga rápida sufrían un deterioro acelerado de la batería por utilizar constantemente su cargador original o alguno que le permitiese aprovechar al máximo la potencia.
Sin embargo, en todos aquellos casos donde he decidido usar una carga rápida más lenta, he comprobado cómo su autonomía no se ve mermada con tanta velocidad.
El calor sigue siendo el gran enemigo de las baterías
Aunque no cabe duda de que las baterías de los teléfonos móviles han evolucionado a pasos agigantados en los últimos años, el calor sigue provocando estragos en su autonomía. Es cierto que las nuevas soluciones desarrolladas a partir de ánodos de silicio-carbono no se ven tan afectadas, pero la norma general es que, de una manera u otra, la química acaba generando una reacción en cadena que afecta la autonomía de los smartphones.
Una mayor tensión dentro de la propia batería obliga a que esta trabaje más rápido y los electrodos sufran antes o después daños irreparables, que se terminan convirtiendo en un menor porcentaje de autonomía real.
Gano y pierdo cosas a partes iguales.
Con mi opinión y mi experiencia no quiero hacer pensar a nadie que se trata de una mejor o peor opción, pues todo tiene sus puntos positivos y negativos.
Por un lado, al pasarme un cargador de 30 W para el uso diario y limitar el uso del que ofrece 90 W a casos donde realmente tengo prisas, he conseguido asegurar mi teléfono móvil durante al menos un año más, algo que, combinado con la ampliación de las actualizaciones de los smartphones Android, me permite tener la certeza de que seguirá rindiendo como el mejor.
Esto además me permite la ventaja de poder venderlo con una salud de batería superior y, por lo tanto, un precio que no se ha visto tan mermado por el paso del tiempo. Al cuidar la batería, también estoy cuidando indirectamente otros componentes que sufren con el aumento de la temperatura, por ejemplo, la pantalla, la memoria o el procesador.
Podría decir que me ha afectado negativamente porque necesito esperar más tiempo para salir de casa con el teléfono lleno de batería, pero en la realidad es que cuando sí lo necesito, recurro al mejor cargador que tengo. El único inconveniente que le veo es que he tenido que pagar más dinero por un smartphone que ahora no estoy aprovechando al completo, pero espero que con el paso del tiempo y la durabilidad que me ofrezca, me termine saliendo a cuenta.
