Hay muchas tiendas que prometen precios muy bajos en smartphones, pero lo hacen bajo la condición de la importación. Esto quiere decir que no se venden en España o en la Unión Europea, sino que los envían desde otros países como China. A priori, hay quienes piensan que esto no supone un problema, pero la realidad es completamente distinta.
Puede que por fuera sean idénticos, pero por dentro es donde son un mundo completamente distintos. Esto debido a que comprar un móvil de importación implica que venga con la ROM original de China y esto no solo significa que la interfaz venga en otro idioma, sino que supone una serie de limitaciones importantes que pueden arruinar la experiencia de un smartphone de gama alta por completo. De modo que, antes de comprar el móvil a lo loco, merece la pena comprender las desventajas que supone un dispositivo así, pese al ahorro tan atractivo que puede suponer.
El muro de Google y las apps del banco
El primer gran obstáculo con el que te vas a encontrar es la ausencia total de Play Store y el resto de las aplicaciones de Google. En China, estas aplicaciones están prohibidas, así que no hay ni rastro de ellas. Además, aunque puedes instalarlas mediante ciertos métodos, esto no te garantiza un funcionamiento perfecto.
Por no hablar de que los pagos móviles están totalmente bloqueados, ya que el sistema detecta que el software no es el adecuado para la región y bloquea las transacciones por seguridad. De hecho, al intentar entrar a cualquier app bancaria, el acceso será denegado automáticamente. El problema reside en que estos dispositivos no cuentan con la certificación de seguridad necesaria para pasarl los filtros de Google, desactivando funciones como los pagos por NFC e incluso apps de streaming como Netflix.
Android Auto, Internet y las tareas en segundo plano
La ausencia de las aplicaciones de Google es solo la punta del iceberg. Al comprar un móvil con ROM China, también pierdes acceso a Android Auto. La aplicación para coches está integrada en todas las versiones globales, pero en las chinas no aparece. Es una función casi imposible de replicar externamente, así que perderás el acceso a la navegación y el control multimedia de tu móvil a través de la pantalla del coche.
Además, la gestión de la batería en China es extremadamente agresiva. Para ahorrar energía, el sistema suele cerrar de forma radical cualquier aplicación que se quede en segundo plano. Esto provoca que dejes de recibir mensajes de WhatsApp o alertas de redes sociales hasta que abres la aplicación manualmente. Configurar las excepciones para que esto no ocurra es un proceso técnico tedioso que no siempre funciona al cien por cien.
Otro aspecto técnico invisible pero crítico es la compatibilidad de redes. Los operadores en España utilizan bandas de frecuencia específicas para el 4G y el 5G que no siempre están activas en el hardware destinado al mercado asiático. La más famosa es la banda 800 (B20). Si tu móvil no la soporta, notarás que tienes mucha menos cobertura en interiores o zonas rurales que cualquier otra persona con un equipo comprado en España, provocando que la velocidad de datos sea desesperadamente lenta en situaciones críticas.
El problema del idioma y las actualizaciones
La barrera del idioma es la problemática más evidente. Estas versiones solo incluyen el chino y el inglés como opciones de sistema. Aunque logres poner las aplicaciones en español mediante parches o aplicaciones externas, los menús de ajustes, las notificaciones del sistema y muchas funciones propias del fabricante seguirán apareciendo en inglés o, en el peor de los casos, con caracteres chinos imposibles de descifrar a no ser que conozcas el idioma a fondo.
Finalmente, el soporte técnico es otro de los grandes problemas. Un móvil con software chino recibirá actualizaciones diseñadas para usuarios chinos. Esto implica que muchas de las novedades que verás anunciadas en las versiones internacionales tardarán meses en llegarte o, directamente, nunca se activarán por incompatibilidad regional.
