La línea que separa a los smartwatches de las smartbands lleva años difuminándose. Ahora mismo hay smartwatch más pequeños y ligeros que algunas pulseras y dispositivos como la Smart Band 10 de Xiaomi que pueden presumir de más funciones que relojes inteligentes básicos.
Lo que antes era una diferencia clara en precio, funciones y diseño, hoy se ha convertido en una cuestión mucho más peculiar, donde la elección depende más del uso real que del propio dispositivo.
Tras probar decenas de dispositivos en ambos formatos en los últimos años la conclusión es clara: no siempre el más caro o completo es el más adecuado para todo el mundo.
Parecidos entre reloj y pulsera inteligente
A nivel funcional, las smartbands actuales han evolucionado hasta un punto en el que cubren prácticamente el 80% de lo que la mayoría de usuarios busca en un wearable.
A día de hoy, monitorizan pasos, calorías, frecuencia cardíaca, sueño e incluso parámetros más avanzados como el estrés o la saturación de oxígeno en sangre. Además, muchas ya integran GPS, algo que antes era exclusivo de relojes más caros.
En el día a día, la experiencia básica es sorprendentemente similar. Recibes notificaciones, puedes controlar la música del móvil y, en algunos casos, responder con respuestas rápidas. Incluso la precisión a la hora de medir tu actividad deportiva se ha igualado bastante, especialmente en gamas medias de ambos segmentos.
Otro punto donde se han acercado es la pantalla. Las smartbands han adoptado paneles AMOLED de buena calidad, con brillo suficiente para exteriores y una fluidez más que aceptable.
Ya no son esas pulseras simples como las primeras Mi Band de Xiaomi, con pantallas monocromas de hace unos años.
Y no hay que olvidar la autonomía. Es cierto que aquí sigue habiendo diferencias, pero ambos formatos han mejorado mucho y muchos modelos de reloj y pulsera alcanzan varios días sin problema.
Diferencias entre smartwatch y smartband
Donde realmente se empieza a notar la diferencia es en la experiencia completa.
Un smartwatch sigue siendo un dispositivo mucho más versátil. No solo por el tamaño de pantalla, sino por lo que permite hacer con ella. Aplicaciones, respuestas más avanzadas a notificaciones, llamadas desde la muñeca o pagos móviles son funciones que, en la práctica, siguen estando mejor implementadas en relojes inteligentes.
El diseño también juega un papel clave. Los smartwatches están pensados como relojes en toda regla, con materiales más cuidados, cajas metálicas y correas intercambiables de mayor calidad. Son dispositivos que puedes llevar tanto en el gimnasio como en una reunión sin que desentonen.
Las smartbands, en cambio, siguen apostando por un menor peso y una mayor discreción. Suelen ser más pequeñas (por lo general) y tienen algo menos de batería fruto de este diseño más comedido, sacrificando ese componente más “premium”.
Otro aspecto diferencial es el software. Los smartwatches suelen contar con sistemas operativos más completos, lo que se traduce en una mayor integración con el móvil y más opciones de personalización.
Por último, está el precio. Las smartbands siguen siendo la puerta de entrada más económica al mundo de los wearables, con opciones muy competitivas por poco más de 30 o 50 euros. Los smartwatches, aunque han bajado de precio en los últimos años y también se pueden comprar algunos modelos por menos de 50 euros, siguen situándose en una franja superior si buscas una experiencia completa.
Qué elegir según tus necesidades
Aquí es donde conviene pararse a pensar y recapacitar sobre el uso que le vas a dar.
Si tu objetivo es controlar tu actividad diaria, hacer algo de deporte y recibir notificaciones sin complicaciones, una smartband sigue siendo una compra redonda. Es ligera, cómoda, con una batería que es mejor que la de hace algunos años y suficiente para la mayoría de usuarios.
Sin embargo, si buscas algo más que un simple complemento del móvil, el smartwatch tiene sentido. Poder responder mensajes con mayor comodidad, hacer llamadas o utilizar aplicaciones directamente desde la muñeca cambia bastante la experiencia.
Con el pasar de los años me he cansado de ver cómo, tanto amigos como familiares, compran un smartwatch y acaban usando solo funciones básicas como contar pasos o replicar alertas del móvil, lo que hace que no aprovechen realmente la inversión. En esos casos, una smartband habría sido más lógica.
Por el contrario, quien empieza con una pulsera y acaba echando en falta funciones más avanzadas suele terminar dando el salto al reloj.
