El vídeo viral que resume a la perfección en lo que se ha convertido TikTok
Hace poco me topé con un vídeo que, casi sin proponérselo, resume de forma brutal en qué se ha convertido TikTok: un escaparate interminable de anuncios disfrazados de contenido. Cada dos clips que ves, parece que uno viene regalado por una comisión que ha convertido una app entretenida en un dispensador de anuncios.
Yo mismo lo he vivido en mis propias carnes. Cuando cae la noche y tengo media hora para dedicarme a hacer nada a veces caigo en los brazos de TikTok. Craso error. Ahora en vez de encontrar contenido interesante, solo me topo con promociones de latas de refresco hasta de las famosas balizas V16 que el gobierno nos obligará a usar desde el 1 de enero. Pero también hay quien intenta venderme pantalones, calefactores y demás “gangas” que tienen que ser un verdadero chollo por lo muchísimo que se repiten.
No falla, es pasar un par de vídeos y aparecer un influencer o un rostro anónimo que te recomienda algo de forma urgente como si fuera la octava maravilla del mundo. Y lo más irritante no es solo la cantidad, sino la sensación de estar atrapado en un zoco interminable donde todo vale.

De red social de vídeos a red social de anuncios
Realmente, para los que conocemos este mundillo, no es algo tan raro. Hoy TikTok está virando hacia un modelo de “social commerce” en el que los creadores ya no solo entretienen, sino que venden directamente. El problema es que esa transformación, vendida como innovación, ha degradado buena parte de la experiencia original.
al final, como relata, precisamente, este clip de TikTok de @lauracasquerooo888, contenido de humor, talento o momentos curiosos han sido reemplazados por ofertas relámpago, promociones y productos “top” con enlace incluido. Como si la app hubiera pasado de ser museo de creatividad a mercadillo de “todo a cien”.
@lauracasquerooo888 El final es lo mejor, para mi gusto JAAHAJAJAHJAAJ
¿Qué ha pasado? Que lo que funcionaba como zona de descubrimiento, entretenimiento o tendencia, ahora huele constantemente a transacción. Un influencer te muestra unos vaqueros, otro una baliza, y el siguiente, con cara de haber descubierto petróleo te dice lo tonto que eres por comprar fuera de la tienda los mismos productos que en TikTok cuestan mucho menos. Eso, en muchos casos, se traduce en productos que no pediste, promociones que no te interesan, y una sensación clara de que lo que estás viendo ya no es contenido valioso sino una salida rápida para monetizar.
No digo que monetizar sea malo (para muchos creadores es su trabajo, a fin de cuentas), pero cuando el contenido de calidad y la experiencia de uso se sacrifican en favor de la comisión por clic, sobre todo cuando TikTok tiene dedicada una pestaña para su tienda, se nota y mucho. Al final, quien gana es quien vende, no quien usa la app para divertirse.
Quién me iba a decir a mi, que lo he criticado tanto, que acabaría echando de menos esas primeras experiencias con la red social, donde abundaban las copias de contenidos de unos a otros, sí, pero cuando navegar por la app era una delicia.