Hace unos días decidí hacer un experimento radical tras ver que mi móvil apenas llegaba a las siete de la tarde con algo de batería. No usé un modo de ahorro de energía específico ni bajé el brillo al máximo, simplemente eliminé de mi vista tres apps: TikTok, Instagram y X.
Entiéndeme, no desinstalé las aplicaciones del sistema porque las necesito para trabajar, pero las borré de mi vista. Dejé las tres redes sociales en el cajón de aplicaciones, alejadas de mi pantalla principal donde el acceso no fuera inmediato… y mi batería lo agradeció.
Evita distracciones y gana autonomía
No vengo a descubrir América. Está claro que cuanto menos uses estas apps, menos tiempo estará la pantalla encendida y más batería se ahorrará, pero no es lo mismo saberlo que hacerlo.
Lo que empezó como un intento de recuperar algo de concentración se convirtió, para mi sorpresa, en el mejor truco de ahorro de energía que he probado en años. Y no hablo de ganar un cinco por ciento extra al final del día, sino de una diferencia abismal que me ha permitido volver a cargar el teléfono cada dos días en lugar de buscar desesperadamente un enchufe después de comer.
Al final, aplicaciones como TikTok o Instagram son auténticas devoradoras de recursos porque, en cuanto las abres, activan el motor de renderizado de vídeo, suben el brillo de la pantalla para mostrar mejor el contenido y disparan el consumo del chip gráfico. Al no tenerlas a mano, dejé de entrar «solo un segundo» para ver qué había de nuevo.
Pero es que ese segundo es una mentira que nos contamos todos. En mi caso, esos vistazos rápidos se convertían en sesiones de quince o veinte minutos de scroll infinito, ya que estas apps saben, de verdad, como engancharnos (de ahí su peligro para nuestros menores). Al quitar el acceso directo, rompí el hábito muscular de mi dedo pulgar, que ya se movía solo hacia el lugar donde solían estar esos iconos.
Además del consumo directo con la pantalla encendida, está el factor de la actividad en segundo plano. Aunque tengamos activado el ahorro de energía, estas apps están constantemente haciendo peticiones al servidor para que, en cuanto decidas entrar, el contenido ya esté ahí precargado.
Una mejora de autonomía considerable
Al final de la semana, las estadísticas de uso de mi dispositivo hablaban por sí solas. El tiempo de pantalla encendida se redujo drásticamente y, consecuentemente, la autonomía del móvil aumentó.
Además, el smartphone ya no se calentaba en el bolsillo por procesos fantasma de redes sociales que intentan actualizar un feed que realmente no me aporta nada en ese momento.
Al poner una barrera física, aunque sea de apenas dos clics extra para encontrar la app, el cerebro se lo piensa dos veces. Ese pequeño esfuerzo adicional me ha ahorrado horas de vídeos insulsos y discusiones estériles en X que solo servían para estresarme a mí y a mi procesador.
No necesitáis desactivar el Wi-Fi o los datos o bajar el brillo al mínimo para que vuestro teléfono dure más. Lo que necesitáis es recuperar el control sobre qué aplicaciones tienen permiso para estar demasiado al alcance de la vista
