Aunque es cierto que el Redmi Note 15 Pro+ no difiere demasiado de lo vito el año pasado y no es el móvil más espectacular de todos los que ha lanzado la submarca de Xiaomi, lo cierto es que es el modelo que más fuerte fuerte por la fotografía de todos los modelos de Redmi Note 15 que se han presentado a principios de año en España.
Con un planteamiento poco habitual dentro de la gama media, protagonizado por sensores de altísima resolución, si has llegado hasta aquí es por que quieres saber qué fotos hace el Redmi Note 15 Pro+. Y nosotros vamos a contestar a esta pregunta.
Así es la cámara del Redmi Note 15 Pro+
Al frente del departamento fotográfico está un sensor principal de 200 megapíxeles que no está ahí solo para engordar la ficha técnica, sino que esconde mucho más. Es un sensor de gran tamaño de 1/1,4 pulgadas, apertura f/1.7, estabilización óptica OIS y enfoque PDAF, un conjunto muy ambicioso para un dispositivo como el Redmi Note 15 Pro+.
La cámara principal trabaja por defecto en modo binning, combinando píxeles para generar imágenes de 12,5 MP para así mejorar la captación de luz, reducir el ruido y ofrecer un rango dinámico más controlado en el uso diario. El modo Ultra HD de 200 MP queda reservado para situaciones concretas en las que se busca exprimir el detalle, siempre que la escena y el pulso del usuario lo permitan.
Junto al sensor principal encontramos un ultra gran angular de 8 MP con apertura f/2.2 y un campo de visión de 120 grados. Es una cámara claramente secundaria, pensada para escenas amplias y fotografía ocasional, sin enfoque automático ni aspiraciones creativas, es decir, lo esperado dentro de este segmento. No obstante, la sorpresa llega al ver como la deformación de los bordes desaparece de forma bastante agradable y el nivel de detalle no se aleja tanto de lo ofrecido por la cámara principal. Es decir, que, más allá de cumplir, lo hace con con solvencia.
El tercer sensor es un macro de 2 MP, testimonial, que en la práctica tiene un uso muy limitado y queda eclipsado por las capacidades del propio sensor principal mediante recorte. Lo que hace, lo hace bien, pero sin florituras.
En el apartado frontal, Xiaomi monta una cámara selfie de 32 MP con lente gran angular que, eso sí, no dispone de autoenfoque, pero ofrece una resolución suficiente para fotografía para redes, videollamadas y creación de contenido casual.
En vídeo, la cámara trasera permite grabar en 4K a 24 y 30 fps, además de múltiples opciones en 1080p hasta 120 fps, con estabilización combinada OIS y EIS. La cámara frontal se queda en 1080p a 60 fps, una cifra correcta, aunque algo conservadora.
Prueba de la cámara del Redmi Note 15 Pro+
En condiciones de buena luz, el Redmi Note 15 Pro+ demuestra que Xiaomi ha trabajado para ofrecer una experiencia fotográfica buena y fiable. Las imágenes capturadas con el sensor principal destacan por una reproducción del color agradable, sin saturaciones excesivas, y un balance de blancos generalmente preciso. El contraste está bien ajustado y el rango dinámico responde con solvencia en escenas complejas.
Uno de los puntos más interesantes es el comportamiento del desenfoque natural. Al fotografiar sujetos cercanos, el tamaño del sensor permite obtener un bokeh suave y progresivo sin necesidad de recurrir al modo retrato, algo poco común en esta franja de precio.
Al ampliar la imagen se aprecia cierta suavidad en los detalles más pequeños, especialmente en zonas de alto contraste, donde podemos apreciar como el smartphone tiende a quemar en exceso las zonas de altas luces, pero es algo que se va a dar solo en salutaciones muy concretas, como amaneceres a contraluz.
El ultra gran angular, como hemos dicho antes, mantiene una buena calidad, generando una imagen ligeramente más cálida y contrastada que la del sensor principal. Es una cámara útil para paisajes y arquitectura que se defiende bien en casi todos los escenarios.
El zoom es uno de los aspectos clave de este modelo. Al no contar con teleobjetivo dedicado, Xiaomi recurre al recorte del sensor de 200 MP para ofrecer distintos niveles de aumento. En la práctica, el zoom 1x, 2x e incluso 4x son los más aprovechables. A 2x, la pérdida de calidad es mínima y el nivel de detalle sigue siendo alto. A 4x, el resultado sigue siendo utilizable, pese a que empieza a aparecer un procesado más agresivo, con texturas artificiales y un aspecto más irreal
En fotografía macro, la ausencia de enfoque automático en el ultra gran angular limita las posibilidades. Aun así, el recorte 2x del sensor principal se convierte en la mejor opción para primeros planos.
El rendimiento nocturno es mejor de lo esperado. La clave aquí está en disparar con el sensor principal, el cual mantiene un balance de blancos estable y colores naturales, sin sacrificar el rango dinámico y la calidad del detalle. Además, la estabilización óptica ayuda a mantener enfocado todo en la escena, generando capturas de una calidad que pocas veces se ve en un terminal de este precio.
La cámara frontal cumple bien en condiciones de buena luz, con selfies nítidos y un modo retrato que separa correctamente al sujeto, generando un desenfoque agradable incluso en interiores. Con poca luz, el detalle cae y el rango dinámico se reduce, pero sigue ofreciendo resultados aceptables para su segmento.
En definitiva, una cámara que sabe en qué liga juega, cuyo mejor aliado es su sensor principal de 200 MP. No pretende revolucionar el mercado de la gama media, pero si destacar por encima de otros modelos que cuestan lo mismo, e incluso un poquito más.
