Es conocido por ser uno de los teléfonos móviles con mejor diseño, tanto por sus acabados premium como por su extrema delgadeza que extraña en las gamas más altas. A pesar de todo, este teléfono me ha demostrado que, tras haberlo probado durante 30 días, no es solo un producto digno de estar expuesto en un museo; también sabe comportarse como un teléfono potente y muy veloz, entre otros alicientes que atesora.
El Motorola Signature te conquista con el día a día
Tras varios años viendo cómo Motorola se convertía en experta en diseñar teléfonos con vida propia, con un estilo diferente a los demás y con una serie de acabados en colaboración con PANTONE que marcan estilo, este salto al mundo más premium y con mejores prestaciones le ha sentado muy bien. Desde el momento en el que lo coges en la mano y con esos primeros contactos te das cuenta de que este es un producto muy bien madurado, no es un lanzamiento más.
Su pantalla con laterales mínimamente curvados extiende la sensación de tener una pieza muy especial ante nosotros, ya no solo por las sensaciones al tacto, también a la vista por sus colores vibrantes, la fluidez y las dimensiones que, gracias a sus marcos mínimos, consigue impresionar. Si a todo esto le sumamos su extrema delgadez y el peso con tan solo 186 gramos, da como resultado un smartphone que no se hace cansino, sino que pasa totalmente desapercibido en nuestro bolsillo. Todo esto nos demuestra que Motorola no ha querido hacer un móvil bonito, ha querido hacer un móvil prácticamente perfecto.
Su batería ha terminado sorprendiéndome
En los primeros días con el Motorola Signature no detecté una autonomía superior a lo habitual en un teléfono de alta gama, pero con el paso del tiempo y la optimización del sistema he comprobado que, al combinar todas mis tareas habituales por la mañana con el trabajo, por la tarde para crear contenidos con las cámaras y redes sociales, consigue darme más de 8 horas de pantalla activa. Por norma general he llegado al final del día, justo antes de acostarme con un 15% de batería y eso para una persona tan exigente como yo, es una delicia.
Cuando lo he necesitado, su carga TurboPower de 90 W tampoco me ha decepcionado y en casos puntuales he tenido que tirar de este extra para poder irme a hacer fotos y grabar vídeos sin miedo a quedarme a medias.
No tiene una cámara cualquiera a sus espaldas
Mientras que su potencia, rendimiento y resultados con la mayoría de aplicaciones han entrado dentro de lo esperado para un móvil de prácticamente 1000 euros, su cámara es lo que me ha conquistado. Los sensores Sony LYTIA de 50 megapíxeles han demostrado ser de lo mejor que existe en la actualidad cuando queremos capturar detalle con el sensor principal o con el uso del teleobjetivo, porque mantiene colores vibrantes y fieles a la realidad sin tener que complicarnos con opciones.
Sorprende que en un cuerpo tan delgado hayan podido integrar un conjunto de cámaras con tan buenos resultados y, sin duda alguna, es lo que me gustaría que mantuvieran o incluso mejorasen cuando hablamos de fotografía nocturna, para la siguiente generación.
