Llevo unos días con bastante picor en los ojos, lagrimeo excesivo y visión borrosa. En mi situación, podría achacarlo a cumplir 40 años a trabajar constantemente con ordenadores y móviles. Por eso, he acudido al oftalmólogo para que me saque de dudas.
Y es que, ese lagrime constante es algo especialmente molesto cuando pasas muchas horas frente a una pantalla, como es mi caso. Tras varias pruebas, mediciones y un análisis bastante completo, el diagnóstico fue claro: visión perfecta, ni rastro de problemas de graduación.
El origen de las molestias estaba en algo mucho más común de lo que solemos pensar, el ojo seco. ¿Me ayudarían entonces unas gafas como las que tan de moda se han puesto que filtran la luz azul de nuestros dispositivos?
Las gafas, aparentemente, no sirven de mucho
Durante la consulta aproveché para hacer esta pregunta que llevaba tiempo rondándome la cabeza y que seguro muchos os habéis planteado alguna vez. Le pregunté directamente por las gafas que filtran la luz azul de móviles, ordenadores y tablets.
Su respuesta fue tan clara como contundente: no hay pruebas científicas sólidas de que funcionen para prevenir la fatiga visual o proteger los ojos en usuarios sanos. Y no es el único oftalmólogo que opina eso.
La luz azul existe, eso es indiscutible. Forma parte del espectro de la luz visible y está presente de forma natural en el sol. De hecho, la mayor exposición diaria a luz azul no nos llega del móvil ni del ordenador, sino del exterior. Es cierto que las pantallas LED, los paneles OLED y la iluminación moderna también emiten luz azul, pero en cantidades muy inferiores a la luz solar.
Aun así, se ha creado un relato en torno a ella que la sitúa como la gran culpable de todos los males asociados al uso del móvil.
Los culpables de la fatiga visual
Es cierto que pasar muchas horas delante de una pantalla provoca fatiga visual. Lo noto yo y lo nota cualquiera que trabaje con un ordenador a diario. Visión borrosa puntual, sensación de arenilla, escozor o lagrimeo son síntomas habituales.
Pero, tal y como me explicó el oftalmólogo, el problema no es la luz azul en sí, sino cómo usamos las pantallas. Y lo hacemos igual que hacen nuestros hijos cuando les dejamos, por error, un móvil: absortos y sin parpadear.
Haz la prueba. Si estás leyendo esto desde un smartphone, párate a pensar cuantas veces has parpadeado. ¿Verdad que lo haces muchas menos veces de lo normal? Pues eso es lo que hace que la película lagrimal se evapore antes, provocando sequedad ocular, como han determinado prestigiosos oculistas como Phillip Yuhas.
Aquí es donde entran en juego las famosas gafas con filtro de luz azul. Muchas marcas prometen reducir la fatiga visual, mejorar el descanso e incluso proteger la salud ocular a largo plazo.
La ciencia no cree en ellas
Ensayos clínicos controlados no han encontrado diferencias significativas entre usar gafas con filtro azul y gafas transparentes en términos de cansancio ocular. En algunos casos, el efecto parece estar más relacionado con el placebo que con un beneficio real.
También hay que tener cuidado con la calidad de estas gafas. Muchas apenas filtran una fracción mínima de la luz azul, y lo hacen de forma irregular. Vamos, que su impacto es casi inapreciable. Y aunque existen modelos con buena calidad, como las Pixel Eye Wear, no hay consenso médico que justifique su uso generalizado en personas sin patologías concretas.
Donde sí puede haber excepciones es en casos muy específicos. Personas con migrañas frecuentes o con fotofobia pueden notar cierta mejoría con filtros específicos, aunque aquí ya hablamos de otro tipo de lentes, no de las gafas genéricas que se venden como solución universal.
¿Entonces, cuál fue la solución?
En mi caso, la recomendación fue clara y bastante más lógica de lo que esperaba. Descansos frecuentes, ajustar el brillo de la pantalla, evitar reflejos y, sobre todo, tratar el ojo seco con lágrimas artificiales si es necesario.
Ya os contaré si la cosa ha mejorado o no, y me veo obligado a caer en el aparente placebo que son estas gafas.
