Hay comparativas que sirven para comprobar cuánto ha avanzado la tecnología y luego están las que directamente hacen que uno se dé cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo, usando como unidad de medida los teléfonos móviles.
Entre estas últimas están todos estos ejemplos que muchos usuarios están compartiendo en redes y que consisten en dos fotografías, tomadas prácticamente desde el mismo punto, pero hechas con cámaras con casi dos décadas de diferencia: el iPhone 18 Pro y el iPhone original lanzado en 2007.
19 años separan estas fotografías del iPhone
La tanda de imágenes, que dejamos bajo estas líneas, corresponde al iPhone 18 Pro, mientras que la segunda tanda se ha tomado con el iPhone original presentado en 2007.
Sí, es cierto que ambas capturas permiten ubicar la escena sin problemas, pero al echarles el ojo, hay diferencias enormes en luminosidad, detalle, ruido y, sobe todo, en las zonas más complicadas de la imagen, las quemadas y subexpuestas.
Las fotografías hechas con el iPhone 18 Pro resultan mucho más luminosas y equilibradas. El cielo conserva información y, al mismo tiempo, hay bastante más detalle en todos los elementos que componen la escena. Son situaciones donde la fotografía computacional de los iPhone actuales marca una diferencia enorme.
En las imágenes del iPhone original, buena parte de las escenas queda considerablemente más oscura, sobre todo en las zonas de sombra.
También hay una diferencia evidente en el ruido de imagen. El iPhone de 2007 produce una fotografía mucho más limitada cuando la luz no es perfecta. Las zonas oscuras presentan una pérdida importante de detalle y una apariencia más sucia, mientras que el iPhone 18 Pro consigue limpiar mucho mejor la escena.
Un hardware muy diferente
Aquí conviene recordar que no estamos hablando únicamente de megapíxeles.
El primer iPhone tenía una cámara trasera de 2 megapíxeles, sin flash, sin enfoque automático y sin posibilidad de grabar vídeo. Era una cámara muy básica incluso para los estándares actuales, aunque en 2007 supuso un paso importante al integrar la fotografía dentro de un teléfono que cambiaba por completo la forma de utilizar un móvil.
El iPhone 18 Pro juega en otra liga. Su cámara principal Fusion ofrece 48 megapíxeles y, además, incorpora apertura variable entre ƒ/1,48 y ƒ/4. A esto se suma una cámara ultra gran angular Fusion de 48 MP y un teleobjetivo Fusion de 48 MP con zoom óptico 4x. También cuenta con teleobjetivos de 12 MP para las focales x2 y x8 con calidad óptica.
Pero, más allá de sus especificaciones técnicas, el gran cambio entre ambas generaciones está en el procesamiento de la imagen. Gracias a ello tenemos una mayor resolución y calidad al recuperar información en diferentes partes de la escena.
Eso se aprecia especialmente en esta comparación.
El cielo de la primera fotografía presenta una exposición mucho más controlada, mientras que el edificio situado en primer plano conserva información en las zonas que permanecen a la sombra. En la fotografía del iPhone original, levantar esas sombras supondría sacar a relucir todavía más ruido y pérdida de detalle.
También se nota en los elementos lejanos. Las ventanas, las fachadas y los detalles de los edificios aparecen mucho más definidos en la fotografía del iPhone 18 Pro. El primer iPhone simplemente no tenía suficiente resolución ni capacidad de procesamiento para conseguir el mismo nivel de información.
