Ahora mismo voy poco al cine. Un niño de 3 años tiene la culpa. Pero, las pocas veces que voy, o me siento en el salón a ver una pelicular de reciente estreno, no me cuesta demasiado ver cómo ha cambiado la cinematografía en muy poco tiempo. Aparentemente, el streaming y la tecnología iban a conseguir que tuviéramos millones de opciones de contenido, pero lo que tenemos son series y películas cortadas por el mismo patrón.
Ahora mismo, cualquiera con un poco de ojo critico, puede advertir una transformación silenciosa en la forma de contar historias. No hablamos de ideología ni de debates culturales superficiales, ni de la continua acusación de ‘wokismo’ a determinados contenidos. No, yo hablo de de decisiones creativas que han hecho de la monotonía la constante del cine actual. Hoy en día casi cualquier contenido está condicionado por cómo lo consumimos: con el móvil en la mano, en pantallas cada vez más pequeñas y bajo la presión constante de los algoritmos.
El resultado es un audiovisual más explicativo, más centrado visualmente, narrativamente más plano y, consecuentemente, más aburrido, menos arriesgado y más olvidable.
Netflix y la sobreexplicación constante
Netflix se ha convertido en el mejor ejemplo de cómo el consumo distraído ha cambiado la manera de escribir y rodar. Cada vez es más habitual encontrarse diálogos que repiten información que ya ha quedado clara en pantalla, personajes que verbalizan sus emociones de forma explícita y escenas diseñadas para no dejar ningún cabo suelto. No es una cuestión de sensibilidad ni de corrección política, sino de hábitos de consumo.
Matt Damon y Ben Affleck lo explicaron con una claridad poco habitual en una conversación con Joe Rogan. Según Damon, hoy se “reitera la trama tres o cuatro veces en el diálogo porque la gente está con sus teléfonos”. Es una frase demoledora porque es real, una prueba fehaciente de lo qu ahora mismo es la industria. Los guiones ya no se escriben solo para quien presta atención, sino para quien escucha a medias mientras hace scroll.
De hecho, no hablo solo de ver una película en tu casa mientras navegas por X, TikTok o WhatsApp, es que, las pocas veces que he podido ir al cine en los últimos años, he visto a más de uno, de dos y de tres espectadores con la pantalla al máximo de brillo consumiendo lo que le ‘lanzan’ sus apps de referencia.
Si nos centramos en el streaming. Netflix sabe que gran parte de su audiencia no ve las series en silencio y concentrada, como se hacía antes con el cine o la televisión tradicional. Se consumen como acompañamiento y por eso muchas producciones están pensadas para ser entendidas incluso sin mirar la pantalla. La narrativa visual pierde peso y el diálogo se convierte en una muleta constante.
El problema es que este enfoque empobrece el lenguaje audiovisual. La confianza en el espectador desaparece y con ella la posibilidad de interpretar, de equivocarse o de descubrir matices en un segundo visionado. Todo se explica, todo se repite y todo se subraya.
Todos somos tontos.
TikTok y la cinematografía centrada para el formato vertical
Si Netflix ha cambiado cómo se escribe, TikTok está influyendo directamente en cómo se rueda. El dominio del formato vertical ha empezado a condicionar incluso producciones pensadas para pantallas grandes. Hoy es habitual encontrar encuadres con la acción perfectamente centrada, planos más cerrados y composiciones diseñadas para que nada importante se pierda al recortar el vídeo en vertical. Como ejemplo, aquí está el tráiler de la última película de Street Fifgther.
https://x.com/Pinopinisimo/status/1999424525994193036
La razón es puramente práctica. Una escena que no funciona en formato vertical pierde valor promocional. Los clips que se viralizan en TikTok, Reels o Shorts son ya una parte fundamental de la estrategia de marketing de cualquier serie. Si una secuencia no se puede convertir fácilmente en un fragmento de 15 o 30 segundos, tiene menos recorrido en redes.
Por supuesto, esto también atañe a los tráiler. Los avances de las películas más esperadas del año ya no se piensan para ver en el cine o en la TV en un clásico formato 16:9 o 2.35:1. No, ahora se reduce el uso del espacio lateral, se evita colocar información narrativa en los márgenes del plano y se prioriza la legibilidad inmediata. Todo debe entenderse de un vistazo, en una pantalla pequeña y en medio del scroll infinito.
@mesias.anthony 📽️ Wicked 2 🧚🏻 Se estrena el 21 de Noviembre de 2025 ✨ #wicked2 #wickedforgood #trailer #cinema #peliculas @Universal Pictures España @Universal Studios Hollywood @Wicked: For Good
No es que este enfoque sea incorrecto por sí mismo, pero limita el lenguaje visual y cambia para siempre la norma de los tercios. Ahora el ojo ya no se va a cualquiera de los tercios de la imagen, sino al centro de la pantalla. No sea que jugar con la composición nos canse.
Chat GPT y el camino fácil
El tercer clavo que está terminando de enterrar al cine es la inteligencia artificial, pero no aplicada a los efectos especiales o a la iconografía de ciertos films (que también), sino aplicada a la escritura.
Stranger Things sirve como ejemplo perfecto para entender el debate. El cierre de la serie dejó a muchos espectadores con la impresión de que la historia avanzaba sin apenas rodeos, resolviendo situaciones de forma demasiado limpia y previsible, con pocas muertes, demasiados finales felices, y con la forma más clásica posible de finalizar.
Poco después, un documental confirmó que los hermanos Duffer habían utilizado ChatGPT como herramienta de apoyo durante el desarrollo de la quinta temporada.
El problema no es recurrir a la IA, sino el papel que acaba ocupando dentro del proceso creativo. ChatGPT funciona muy bien como asistente: ordena ideas, estructura arcos narrativos y ayuda a conectar puntos dispersos. El riesgo aparece cuando esas propuestas no se cuestionan. La IA tiende a priorizar la coherencia, la lógica interna y las soluciones “correctas”, evitando deliberadamente el conflicto incómodo, la contradicción o el giro que rompe el esquema. al final sus algoritmos están desarrollados para satisfacer necesidades y el final feliz es la mayor de las necesidades humanas.
Cuando ese enfoque se impone, el guion pierde alicientes. Los personajes actúan de forma excesivamente racional, los obstáculos se resuelven con rapidez (verdad, ¿Vecna?) y la historia avanza sin apenas sorpresas. Todo tiene sentido (excepto para los conspiranóicos del #Conformitygate) pero falta sorpresa.
La IA no escribe sola, pero influye. Y si no hay alguien al volante, el resultado es una ficción demasiado real.
