Es un clásico que se repite en los foros de soporte de cualquier marca tras una gran actualización. Conectas el teléfono al cargador, vuelves a los veinte minutos y, al cogerlo, notas que la parte trasera quema de una forma que antes no pasaba. ¿La instalación del nuevo sistema ha roto la batería? Nada más lejos de la realidad.
Es normal que te asustes ya que, por lo general, en el 90% de los casos, tras aplicar la actualización y mirar el porcentaje de batería, te das cuenta de que apenas ha subido un mísero diez por ciento. Aun teniendo habilitada la carga rápida.
En estos casos es facilísimo ponerse a gritar, desesperarse y pensar que la batería se ha degradado de golpe, que el cargador se ha roto o que el fabricante te está empujando sutilmente a renovar el dispositivo. Sin embargo, no hace falta que salten las alarmas. No, al menos, de momento.
¿Por qué el móvil se calienta tras actualizarse?
Vamos a poner como ejemplo este post de Reddit, donde hace poco los usuarios de Samsung reportaban precisamente problemas similares con su sistema tras actualizar a la última versión de One UI, entre el desconcierto general.
La realidad es que esto tiene una explicación técnica muy lógica y, contrariamente a lo que piensan la mayoría de usuarios, el culpable no es tu cargador, ni la batería ni el hardware del móvil, sino las tareas invisibles que realiza tu procesador justo después de renovar su software.
Cuando instalas un nuevo parche de seguridad o cambias de versión de sistema, el proceso no termina cuando el terminal se enciende. Durante las primeras 48 horas, el procesador trabaja a destajo en segundo plano para reconstruir la caché de las aplicaciones, reindexar tus fotos y optimizar el almacenamiento. En definitiva, pone en orden todo el software del teléfono y, a más cosas tengas, más trabajo.
Lo que pasa es que todo este esfuerzo que no ves consume una cantidad enorme de recursos de la CPU y, al no verlo, piensas que el móvil se calienta sin hacer nada. Es más, si a ese trabajo interno le sumas el calor físico que genera de por sí la carga rápida al meter energía, el resultado es que la temperatura del propio teléfono se dispara de golpe.
¿Es grave doctor?
Tu móvil no es tonto y sabe que este es un momento de cambios. Por eso, para evitar que el teléfono muera por exceso de calor, el software activa un mecanismo de seguridad llamado estrangulamiento térmico o thermal throttling. Básicamente, el móvil reduce de forma drástica la velocidad de carga para enfriarse, lo que explica por qué tu teléfono tarda una eternidad en cargarse esos primeros días.
Por este motivo, lo mejor que puedes hacer durante las primeras 48 horas tras actualizar es evitar usar el móvil mientras está enchufado, quitarle la funda para que disipe mejor el calor y cargarlo sobre una superficie fría y plana.
En un par de días, una vez que el sistema se asiente y terminen las tareas en segundo plano, todo debería volver a la normalidad.
