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  • Un anunciante quiere tener una mayor comprensión del tipo de público que interactúa con sus anuncios. Por ello, acude a un instituto de investigación con el fin de comparar las características de los usuarios que han interactuado con el anuncio con los atributos típicos de usuarios de plataformas similares en diferentes dispositivos. Esta comparación revela al anunciante que su público publicitario está accediendo principalmente a los anuncios a través de dispositivos móviles y que es probable que su rango de edad se encuentre entre los 45 y los 60 años.

La información sobre tu actividad en este servicio, como tu interacción con los anuncios o con el contenido, puede resultar muy útil para mejorar productos y servicios, así como para crear otros nuevos en base a las interacciones de los usuarios, el tipo de audiencia, etc. Esta finalidad específica no incluye el desarrollo ni la mejora de los perfiles de usuario y de identificadores.

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Análisis a fondo

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Sello Movilzona 7 Apple estrenó los iPhone 8, iPhone 8 Plus y iPhone X en un mismo evento en que también se mostraron el Apple Watch Series 3 y la nueva generación de Apple TV con 4K. Cero sorpresas gracias a las filtraciones, pero también por la falta de innovación en sus dos primeros terminales de esta nueva gama, con un catálogo más amplio que nunca. El iPhone 8 sigue siendo el terminal para el público más amplio, la ‘opción base’ de la firma de Cupertino, y sigue contando con sus 4,7 pulgadas de diagonal de pantalla. Pero ahora está construido en cristal, como principal diferencia a simple vista.

Han sido iPhone 6, 6s, 7 y finalmente el iPhone 8. Cuatro generaciones de teléfono inteligente que apenas han cambiado en términos de diseño. El primero fue el más delgado, estrecho y ligero aunque por una diferencia escasa. Pero su diseño no era suficientemente robusto, y dio lugar al ‘bendgate’. Los móviles de Apple se doblaban con relativa facilidad. Llegó el 6s y se resolvió el problema, y con el iPhone 7 apenas se introdujo una reubicación de las líneas de antena, y la evolución del sensor Touch ID eliminando el sistema mecánico del botón Home para introducir un motor háptico ‘especial’. ¿Y ahora? Ahora un iPhone 8 que parece exactamente lo mismo, a simple vista, pero que luce una nueva trasera de cristal y vuelve al ‘aro coloreado’ marcando el contorno de la cámara –como en el iPhone 6s, y el 6-. Las novedades –las de verdad- se esconden dentro.

Diseño y uso

Con sus 138.4 x 67.3 x 7.3 mm, el nuevo iPhone 8 es 0,1 mm más alto y 02, mm más ancho. Es ligeramente más grande, y también 0,2 mm más grueso. ¿Se nota? Evidentemente, salvo que tengas los dos cerca y a propósito quieras encontrar la diferencia, no es algo notable. Pero la introducción del cuerpo de cristal le ha hecho ganar también 10 g al iPhone 8 con respecto a la generación anterior. Y aunque de forma sutil, y no preocupante, esto sí es notable. Son 148 gramos para un smartphone que tiene un evidente problema de diseño si lo comparamos con sus rivales directos por precio y prestaciones. Es, indudablemente, un terminal obsoleto desde esta perspectiva. Sólo un 65,4% de su superficie frontal está ocupada por la pantalla, mientras que en un Samsung Galaxy S8 este ratio crece hasta el 83,6%.

Es cierto que la sensación en mano es la de un terminal premium. El iPhone 8 tiene una construcción sólida, y una vez más Apple puede presumir con él de algo que suelen hacer mejor que su competencia: el equilibrio de peso entre la cabeza del equipo y la parte baja es excelente, y es algo que se nota con el equipo en la mano. Por otro lado, se han refinado detalles como el diseño de antenas para hacerlo estéticamente más atractivo. Ahora hay cuatro bandas que ‘unen’ el frontal y la trasera de cristal, dos a cada lado en la parte baja y alta del borde metálico que constituye su chasis de aluminio.

Sí, el diseño es bueno, muy bueno, a pesar de que es incuestionable que está obsoleto desde su lanzamiento por la sencilla razón del aprovechamiento del frontal. Otro detalle que se ha alterado es el diseño del módulo de cámara, que sigue siendo saliente, y ahora luce un marco coloreado en el mismo tono del chasis del dispositivo. Estos pequeños cambios hacen que el iPhone 8 sea la mejor versión de un diseño que sigue dando vueltas desde el iPhone 6. Pero más grueso y pesado, lo cual le hace perder cierto atractivo. Lo demás sigue igual: su conector Lightning, su micro-perforado para el altavoz y micrófono en la parte baja, la bandeja para nano SIM en un lateral, el botón de encendido en el costado.

Ahora Apple tiene una gama simplificada de versiones. Sólo dos diferenciadas por su capacidad de almacenamiento interno, y sólo tres diferenciadas por su color. Lo podemos encontrar en plata, oro y gris espacial. El primero es blanco por delante, plata en el marco del chasis y algo así como un gris claro ahumado en la parte posterior. El segundo, también blanco por delante, más que oro es un metal cobrizo en su chasis y beige rosado en la espalda. Y el negro, todo negro… brillante.

Es importante el cambio de materiales. Como decíamos, ahora la espalda del iPhone 8 no está construida en aluminio, como el chasis, sino que es de cristal. Esto ha provocado que se alteren las dimensiones en su contra –ligeramente- y que se vea mermada la cifra del peso. Pero es lo que ha hecho posible que cuente con carga inalámbrica según el estándar Qi, y que además el iPhone 8 luzca un diseño diferenciado. Eso, y que ahora el agarre es mejor, porque el cristal de la trasera se adhiere algo mejor a los dedos.

Pantalla

Con el iPhone 4, Steve Jobs presentó la primera pantalla Retina. Y explicaba entonces, hace siete años, que el ‘apellido’ de esta pantalla venía motivado por su densidad de píxeles: 326 por pulgada. Y es que, según Jobs, con esta densidad de píxeles se satisface el máximo que puede captar el ojo humano. Es falso, y lo han demostrado multitud de científicos, pero la firma de Cupertino se mantiene siete años después en sus trece, y la densidad de píxeles de este terminal sigue siendo de 326 ppp, aunque en un panel IPS de 4,7 pulgadas de diagonal y con una resolución de 1.334 x 750 píxeles.

El hecho de que Apple siga comercializando un dispositivo con esta resolución no es criticable de forma aislada. Pero sí que el equipo cueste lo mismo que otros con mayor diagonal, panel OLED, y con resolución QHD 2560 x 1440 píxeles o incluso más. No es una buena pantalla dentro de la gama alta de esta generación, y adolece de una muy pobre resolución así como un escaso brillo. Al menos, con esta generación Apple ha introducido la tecnología True Tone que se sirve de cuatro sensores para interpretar la luz ambiental y adaptar así, de forma automática, la temperatura del color de la pantalla. Algo que no se percibe en el uso, pero que sí recordaremos si cambiamos de terminal a uno sin esta tecnología.

En realidad, la tecnología True Tone Display no es técnicamente recomendable. Es como el sonido HiFi: una alteración para satisfacer ‘lo que más nos gusta’ como consumidores, pero no ‘lo que es mejor’ desde el plano técnico. Pero a fin de cuentas, es una tecnología que cumple con su cometido y que lo hace de forma correcta. Ahora bien, la podemos desactivar desde los ajustes, y la batería lo agradecerá entregándonos unos cuantos valiosos minutos adicionales de autonomía. Que, por cierto, ese es el único punto positivo que se puede sacar a esta pantalla: su baja resolución permite reducir el consumo energético.

Pero esta deficiente pantalla esconde una tecnología interesante que no es nueva, sino que el iPhone 8 la comparte con las dos generaciones anteriores: 3D Touch. El panel del nuevo terminal de Apple es sensible a la presión, y es algo que se aprovecha gracias al software con menús y opciones adicionales. Un paso por delante de la gran mayoría de los dispositivos con sistema operativo Android. Aunque también los hay con esta prestación, y en ningún caso tendría por qué ser un aspecto decisivo en la compra de un modelo u otro.

Y hay más donde ‘rascar’ en la pantalla del iPhone 8. Porque es la culpable del grosor del iPhone 8. Un panel OLED es más delgado, y en un equipo como el iPhone 8 habría permitido unas dimensiones más contenidas que la generación anterior. Además habría favorecido también el consumo energético, en pro de una mejor autonomía. Pero Apple asegura que sólo el panel OLED del iPhone X es el primero, de este tipo, suficientemente bueno como para montarse en un iPhone. Al menos, la fidelidad con que se muestran los colores en la pantalla del iPhone 8, algo desaturada como es habitual en Apple, es correcta.

Hardware y rendimiento del iPhone 8

No son pocas las cosas que se pueden criticar en el nuevo iPhone 8. Pero un campo en que Apple no ha dejado lugar para debate es el hardware. Por hardware, evidentemente, nos referimos al conjunto de chipset –CPU y GPU- y RAM. En el iPhone 8 se ha montado el nuevo chipset Apple A11 Bionic, el mismo que ofrecen el iPhone 8 Plus y el iPhone X, que cuenta con una CPU de seis núcleos: dos Monsoon de alto rendimiento, y otros cuatro Mistral de bajo consumo. La frecuencia máxima de reloj es de 2,06 GHz, y esta CPU viene acompañada de 2 GB de memoria RAM –son 3 GB en el caso de la versión Plus-. Es, evidentemente, una configuración de hardware soberbia, más propia de un ordenador que de un teléfono inteligente.

El conjunto de CPU y GPU; en definitiva, el Apple A11 Bionic, se puede comparar con lo que fue en su día el chipset del iPhone 5s -el primero con arquitectura de 64 bits-.Está adelantado a su tiempo, y bastante. Es aplastante el rendimiento single core de la CPU del iPhone 8 –y el resto de esta generación-, y saca la cabeza por encima de sus rivales, de forma generosa, en el trabajo conjunto. No obstante, es más destacable el salto de la CPU que el de la GPU, que no es excesivamente superior al que ofrece un iPad Pro de última generación con su chipset Apple A9X.

En AnTuTu Benchmark, una de las pruebas de rendimiento más populares, el iPhone 8, sólo el iPad Pro es ‘más potente’ dentro del mundo iOS. Y es por dos motivos: el trabajo sobre imágenes 3D es superior, y la RAM obtiene mayor puntuación. Pero la CPU es extraodinariamente superior en el caso del iPhone 8. En definitiva, el iPhone 8 es un salto de hardware importante para Apple, pero que encontrará su punto máximo en el iPhone X porque, además de contar con mayor memoria RAM, también ofrece una pantalla de prestaciones superiores para disfrutar de toda esta potencia.

Análisis de la cámara del iPhone 8

No hay gran salto. Aunque Apple haya prometido que el procesado de imagen es capaz de reducir el ruido en tomas con baja luz gracias a su nuevo hardware, lo cierto es que las diferencias son realmente reducidas, y en la mayoría de las ocasiones apenas apreciables. Es cierto que el grano pierde protagonismo en tomas con luz baja, pero Apple mantiene al iPhone 8 con una apertura f/1.8, y la ligera diferencia –con mayor luminosidad- del conjunto de lentes hace al iPhone 8 algo inferior a sus competidores. Cuenta con un sensor de 12 megapíxeles un año más, y hereda del iPhone 7 su flash True Tone con cuatro diodos LED: dos cálidos y dos fríos para la compensación de aberraciones de color.

La cámara no es mala, pero en absoluto sobresaliente dentro del segmento de la gama alta. Está un pequeño paso por detrás de rivales como el Xiaomi Mi 6 o el Samsung Galaxy S8 –entre algunos otros-, a pesar de que es, probablemente, el terminal con mayor calidad en el color. Aquí Apple sí se aleja de la tendencia del mercado apostando por fotografías puras, fieles a la realidad . No así con la cámara frontal, con sensor de 7 megapíxeles y apertura f/2.2, que sí está bastante por detrás de sus rivales más directos. Aquí el grano aparece con facilidad, y el sensor se satura fácilmente.

El ‘gran salto’, si en alguna parte queremos encontrarlo, está en la introducción del estabilizador óptico de imagen. Al fin Apple lo ha incluido en el iPhone 8, y no sólo en la versión ‘Plus’, y esto nos ayudará a hacer vídeos con menor movimiento de pulso, y fotografías con un valor de exposición algo más alto para mejores fotografías de noche, o con poca luz. Pero no con la app nativa de cámara, porque siguen faltando los controles manuales para los más experimentados en el campo de la fotografía.

El vídeo es una delicia, eso sí, porque ahora contamos con Full HD 1920 x 1080 píxeles a 24, 60 y 240 fps –cámara lenta-, y 4K a 24, 30 y 60 fps. Pero una vez más, Apple deja mucho que desear con el ajuste entre modos de grabación. Tienes que irte hasta el menú de Ajustes, en el apartado correspondiente a la cámara, para poder manipular la resolución o el framerate de captura. Engorroso y lento, mucho más que en el software de sus competidores, o incluso el de terceros disponible para iOS en la App Store.

En el iPhone 8 nos quedamos sin el modo Retrato que ofrece la versión Plus del modelo. Eso se consigue con la doble cámara que no existe en el modelo ‘pequeño’, y permite un Bokeh bastante natural y, sobre todo, muy artístico para primeros planos de sujetos. Y nos quedamos también, por consiguiente, sin la nueva iluminación de retrato, por hardware, que nos permite jugar con una iluminación procesada según el estilo de fotografía de estudio, aplicando contouring facial y algunos otros ‘filtros’ sobre la luz.

En definitiva, la cámara evoluciona poco, o muy poco. Lo que sí es destacable, aunque no tanto como nos prometía Apple, es el trabajo del iPhone 8 en la fotografía con poca luz. Gracias al procesado por hardware, que efectivamente reduce el grano y el ruido, y también al OIS –estabilizador óptico de imagen- que permite ajustar una exposición más prolongada, y reducir el ISO. Pero la cámara frontal no está a la altura de la gama alta actual, y la aplicación nativa de Apple sigue siendo ideal para el ‘shoot and go’ tratando de dar el mejor resultado de forma automática; pero es pésima si de verdad nos gusta la fotografía.

Batería

Mal, Apple. Como contábamos, el iPhone 8 vuelve a contar con una pantalla IPS, y además ahora está construido en cristal. Estos dos factores son determinantes para la construcción interior del dispositivo, que ahora además cuenta con un chip de carga inalámbrica que, aunque poco, ocupa su espacio en la distribución interna. Y por esto, entre algunos otros motivos, el iPhone 8 baja desde los 1.960 mAh del iPhone 7 hasta 1.821 mAh. Y vale que su chipset es más eficiente, pero esos 139 mAh que ha perdido no deberían haberse quedado atrás.

Ninguno de sus competidores prestaría la autonomía del iPhone 8 con su misma batería. El terminal de 4,7 pulgadas de Apple es muy eficiente por su chipset y por su pantalla –aunque una OLED lo sería más- de resolución limitada. Lo positivo en todo esto –que la batería sea tan pequeña-, es que carga más rápido que sus rivales. Aún así, la duración de la batería es de un día como máximo. Y lo normal será que cueste terminar la jornada con él aún encendido. Es un terminal que nos recuerda lo que ‘iPhone’ ha llevado siempre acompañado: un cargador.

Aún así, Apple ha introducido más facilidades que nunca para poder nutrir nuestro iPhone de energía: carga rápida y carga inalámbrica. La pérdida de batería viene acompañada de nuevas formas de alimentarla, pero en los 809 euros que cuesta el dispositivo no contamos ni con una ni con la otra. La carga rápida requiere un adaptador de corriente que se comercializa por separado, y la carga inalámbrica nos obligará a comprar una base con estándar Qi para poder disfrutarla. Pero ¿es una buena idea optar por la carga inalámbrica?

Si lo que quieres es que tu iPhone se cargue lo antes posible, entonces deberías tener claro que la carga inalámbrica no es tu aliada. El iPhone 8 es lento aprovechando el estándar Qi del que se sirven otros muchos dispositivos –y desde hace años-, además de que se calienta de forma notable cuando lo utilizamos de esta forma.

Otros detalles a comentar

Se han mejorado algunos pequeños detalles de calidad, como el sistema de audio estéreo compuesto por el altavoz frontal –en la parte superior- y el altavoz inferior situado al lado del conector Lightning propio de Apple. Ahora es más potente, los bajos tienen presencia como en casi ningún otro teléfono inteligente, y la experiencia de escuchar música en estos pequeños altavoces, o de ver una película, es francamente gratificante con respecto a prácticamente cualquier otra opción equivalente del mercado.

También se ha dado el salto en las opciones de almacenamiento interno. Tenemos sólo dos posibilidades, pero por fin el mínimo son 64 GB, y para casi cualquier usuario esto debería ser suficiente. Incluso con varias listas de Spotify descargadas –por ejemplo-, y con una cantidad generosa de fotografías, con 64 GB deberíamos poder sobrevivir sin demasiados problemas. Y si te quedas corto, o bien te vas a por la opción de 256 GB, o bien eres más cuidadoso y recurres a opciones como el almacenamiento en la nube, por ejemplo.

Con el nuevo sistema de archivos, y la introducción del formato de imagen HEIF, estos 64 GB de almacenamiento interno se aprovechan de mejor manera. Y iOS 11, además de esto anterior, ha traído también cambios interesantes como un Centro de Control más personalizable, y mucho más completo. Ahora bien, la nueva barra de notificaciones desplegable, que realmente se convierte en el ‘salvapantallas’, es un paso atrás en la experiencia de uso. Ahí, en la experiencia de uso, es donde el iPhone 8 sigue siendo uno de los reyes tanto por sus prestaciones en términos de rendimiento como por software.

Y hay algo más: la realidad aumentada. Es realmente espectacular cómo el iPhone 8 es capaz de trabajar en este campo. La capacidad para crear imágenes tridimensionales superpuestas a lo que capta la cámara es verdaderamente alucinante. Y cómo el terminal es capaz de analizar en tiempo real cómo nos movemos para adaptar dicha imagen. Pero ¿qué vas a hacer con esto? Tiempo al tiempo.

Conclusión

El iPhone 8 es un buen terminal, claro que lo es. Su chipset es, posiblemente, el más avanzado del mercado. Sus prestaciones, en este sentido, están en la parte más alta de la telefonía inteligente actual. Pero la potencia no lo es todo entre los smartphones, y este dispositivo no deja de ser un equipo obsoleto a muchos niveles. El diseño es un ‘reciclado’ de hace tres años –usado en cuatro generaciones, contando con este modelo-, y su pantalla es lamentable en comparación con la de todos sus competidores.

Apple ha dado varios pasos hacia el frente, pero también otros tantos para atrás. Más peso, por ejemplo, supone que este dispositivo sea tan ‘incómodo’ como un rival que ofrece 5,8 pulgadas de pantalla –1,1 pulgadas de más- y una resolución WQHD+. Con el iPhone 8, Apple se ha quedado muy por detrás en puntos realmente relevantes para el consumidor, si tenemos en cuenta que el contenido multimedia es lo que reina en estos momentos. Sí, puedes disfrutar de la realidad aumentada como en ningún otro teléfono inteligente, pero tus películas y series de Netflix, o tus vídeos de YouTube, se van a ver peor que en cualquiera de las alternativas que hay por precio.

Si eres ‘de iPhone’, y vienes del iPhone 6 o anteriores, entonces quizá sí te interese el iPhone 8. Si tienes un dispositivo posterior, o vienes de Android, ni te lo pienses. Aunque mucho más caro, el iPhone X es realmente el ‘nuevo iPhone’. Y en cualquier caso, merecen la pena los 110 euros más del iPhone 8 Plus por su pantalla de 5,5″ y resolución Full HD, o por la doble cámara trasera con su modo retrato. Ahora bien, el iPhone 8 Plus es otro ‘trasto’ con un frontal mal aprovechado y que pesa nada menos que 200 gramos.

Así que brillante Apple por la evolución de su chipset: el Apple A11 Bionic es lo más potente que veremos en varios meses. Pero se ha montado en un terminal que no deja demasiado buen sabor de boca en muchos aspectos. Ya no suena raro a nadie que Apple haga este tipo de evoluciones progresivas. Pero quizá el iPhone X es lo que iPhone 8 y iPhone 8 Plus debieron ser. Los 8, y 8 Plus, no son más que un iPhone 7s y un iPhone 7s Plus con un nombre más comercial.

A favor:

  • Apple A11 Bionic, rendimiento espectacular.
  • Carga inalámbrica.

En contra:

  • Diseño de hace tres años.
  • Resolución de pantalla y brillo.
  • Frontal poco aprovechado.